Mensaje de la Iglesia

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Manuel Hernández VilletaLa Iglesia católica dominicana tiene que entrar en el mundo de los cambios. Su accionar  sigue siendo tan conservador como siempre. Debe hoy estar al nivel de esa prédica con sentido social que lleva a cabo Francisco. Hombre sencillo que está sacudiendo a ese segmento religioso.

Los cambios en la composición social dominicana, y la forma en que se divide la familia de hoy, pone a prueba el trabajo de campo y de fe que lleve a cabo una Iglesia católica que se tiene que renovar. El mensaje divino tiene que ser acompañado de jornadas que busquen mejorar los niveles de vida de sus feligreses.

Hace unos años, la mayor parte de los dominicanos residían en el área rural, pero la crisis económica y social dio paso al desplazamiento a los tugurios de la gran ciudad, originando los cordones de miseria y la exclusión de todo tipo.

La Iglesia tiene curas que han llevado la vanguardia en luchas populares, algunos con  un tremendismo que raya hasta en la insolencia, pero en la jerarquía todo se queda en papeles. Las homilías y las pastorales son claras sobre los problemas, pero no van unidas a un trabajo de campo, y esa integración  es necesaria.

En el país hay un avance de las iglesias cristianas, o sea de los evangélicos, que conviven con los desamparados y llevan su mensaje de casa en casa. Los católicos tienen que escuchar la palabra de humildad del Papa Francisco.

Hay segmentos de la iglesia marcados por la buena vida, el no sacrificio por los pobres, la indiferencia y hasta preferir a quienes ofrecen sus servicios. Son realidades dominicanas ancestrales, calladas muchas veces, y en otras solo comentadas en encuentros de tazas con café y jengibre.

No es una iglesia levantisca la que hace falta.  Sino un conglomerado que juntó a la fe luche por una mejor vida actual para todos. La iglesia católica es la institución colectiva más grande, fuerte, unitaria, que tiene la República Dominicana, razón por la cual tiene una gran obligación en el presente y el futuro dominicano.

Una iglesia que cometió graves errores en el pasado, pero que los enmendó sobre la marcha. Ahora se tiene que acondicionar a nuevas realidades, que están presentes en la comunidad y que ignorarlas, es  encerrarse en métodos del pasado.

La Iglesia de hoy tiene que tener respuestas de cómo enfrentar a las pandillas en los barrios marginados, la trata de blancas, que casi siempre parte de la miseria de las mujeres, y de algo muy preocupante como son los embarazos de adolescentes.

Si no hay respuesta a estas cartillas,  la iglesia como institución tropezará al momento de llevar su mensaje de paz y redención. Es adecuarse a los nuevos tiempos, para que la palabra sea digerida por el hombre de hoy.

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