febrero 25, 2018

El síndrome de fatiga de las contraseñas

Por Jimmy Rosario Bernard

Jimmy Rosario BernardEn un mundo  cada día más tecnológico y que  va a toda velocidad, la típica fórmula de nombre de usuario y contraseña, se hace cada vez más estricta para millones de consumidores  que han experimentado vivencias  amargas en ese sentido. Pero el problema es que ninguna contraseña es segura cuando los ciber-delincuentes deciden entrar a cualquier sistema que no posea la protección adecuada.

En nuestro trabajo, en la casa, en la universidad o en las redes sociales, caramba vivimos en un mar de servicios y actividades que necesariamente requieren una clave de acceso y todo esto a la culpa de internet que puso a los equipos en red, y surgieron los teléfonos inteligentes y las tabletas. 

Cualquier individuo con las ganas, tiempo y conocimiento puede acceder a nuestras informaciones protegidas, y por eso los especialistas en seguridad informática no cesan de aconsejar sobre la mejor forma de configurar contraseñas, deben tener entre ocho y doce caracteres y combinar números, letras y signos del teclado y sobre todo es necesario sean modificadas periódicamente, lo que hace más complicado el asunto. 

La cuestión es que todo ello puede suponer un exceso de esfuerzo en estos tiempos en que hay demasiado cumulo de información, muchas personas terminan cayendo en lo que los expertos llaman síndrome de fatiga de las contraseñas: las crean demasiado sencillas y las repiten, con el peligro que conlleva. 

Según un estudio realizado en 24 países, el 40% de los usuarios no se preocupan por oscurecer sus contraseñas y según la empresa  McAfee, más del 60 por ciento de los internautas acceden regularmente a entre cinco y 20 sitios que requieren contraseñas, y la mayoría prefiere que sean simples,  siendo las más populares en inglés son “password” (contraseña) y “123456”. 

Por el momento, los especialistas  coinciden en  una  norma, y es utilizar las contraseñas más extensas posibles, que combinen letras, números y símbolos, y jamás utilizar la misma. Después, sólo resta cruzar los dedos y esperar que el sitio utilizado hiciera todo lo posible para proteger eficazmente el espacio virtual de sus usuarios.

El autor es Consultor en tecnología y catedrático universitario

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