febrero 25, 2018

Las campañas presidenciales empiezan el 8 de junio

peña nietoMEXICO.-En dos semanas terminarán las campañas y en tres semanas, más de 80 millones de mexicanos podrán acudir a votar por quien más le plazca, por el menos peor de los candidatos o abstenerse de asistir a las urnas. En una interpretación amplia, todas son posiciones viables y respetables, frente a procesos electorales  caracterizados por campañas de pocas propuestas para solucionar los problemas que afectan a las comunidades, muchos ataques y bajezas entre los que buscan ocupar un puesto de servicio.

Las campañas sirvieron para dar a conocer a los desconocidos, pero también para que se realizara un gran derroche de dinero, como en el caso del Partido Verde al que le sirvió para intentar construir, a través de los medios de comunicación, la percepción en los ciudadanos de que cumple sus compromisos, cuando es sabido que son el pago por su apoyo incondicional, siempre al mejor postor. 

Otro abuso es el del ya candidato a la presidencia en campaña, Andrés Manuel López Obrador, que con un gasto de cientos de millones de pesos aparece en toda la propaganda del Partido Morena en el papel de aval del candidato o candidata que solo sonríe a su lado. Significando con ello que el mensaje es Andrés Manuel, que la esperanza es él, que desde luego no es corrupto, aunque nadie sabe la procedencia de los recursos que le han permitido peregrinar por el país por más de tres años.  

El 7 de junio es el día en el que finaliza para los ciudadanos el proceso electoral, pero para muchos aspirantes el proceso podría continuar en los tribunales porque se inconformarán con los resultados obtenidos en las urnas e impugnarán el procedimiento en alguna de sus fases y tendrán que presentar pruebas que avalen su postura, lo que supone cuando menos otros 60 días para desahogar su asunto y obtener una sentencia que es inapelable, aunque, como el caso de Marcelo Ebrard, siempre es posible burlar la ley y hacer posible lo que antes era punto final. Torturar la ley es el oficio de abogados y políticos.

Independientemente de los resultados de las elecciones federales intermedias y las locales para cambiar gobernador, la disputa por el poder mantendrá sin reposo su dinámica con la mira puesta en la sucesión presidencial de 2018. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN) cambiarán a sus dirigentes días después del 7 de junio. Cesar Camacho y Gustavo Madero serán diputados y posibles coordinadores de los legisladores de su partido.

Los especialistas consideran que los relevos en la dirigencia de los partidos, en este caso del PRI y el PAN, a mitad del sexenio, es el inicio de la disputa por el poder en el marco de la sucesión presidencial de 2018. El Diputado Manlio Fabio Beltrones, ya manifestó su interés por ocupar la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, en cuanto termine su trabajo en la Cámara de Diputados.

“Lo he comentado pero lo reafirmo, no creo que exista un militante en mi partido que no considere un privilegio ser considerado para ser el dirigente nacional. Yo, en lo personal, he procurado poner esa disposición por el frente. Para mí sería un enorme privilegio poder ser considerado para ser presidente del PRI”.

En el Partido Acción Nacional ya manifestaron su interés por ocupar la presidencia del partido Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón,  y lo mismo hizo recientemente el diputado Ricardo Anaya quien expresó su deseo de buscar la presidencia del partido, en cuanto pasen las elecciones del 7 de junio.

Es un hecho que la sucesión presidencial arranca, de manera informal, pero con toda la intriga, intereses y falta de escrúpulos, que supone conquistar el más alto puesto de la Administración Pública, la Política y la representación del Estado mexicano. La sucesión que inicia no es sinónimo de terminación del sexenio. Faltan tres años de administración pública, en los que deberán terminarse los proyectos iniciados y generarse las condiciones de estabilidad política y paz social que permitan el cambio en el poder sin conflicto, escenario que no se percibe como próximo en el contexto actual.

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