¿Dónde está Duarte?

Manuel Hernández Villeta
La prepotencia del embajador

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

La idea de una república libre e independiente de toda potencia europea, fue el gran aporte socio-político de Juan Pablo Duarte. Él cumplió con su deber generacional, los que han fracasado son los integrantes de las nuevas generaciones.

El ideal de Duarte es más que suficiente para dar las bases de lo que puede ser la nueva sociedad dominicana. Duarte está presente en pensamiento y en acción, pero nadie le toma en cuenta. Es uno de los grandes excluidos de la vida diaria.

La misma historia es mezquina con Duarte. Lo pinta como el Cristo de la libertad, pero esos panegiristas propiciaron el desconcierto social, y el subyugamiento de las libertades públicas.

Duarte no pasa de ser una pieza de adorno para sacarlo a la luz pública un día del mes de enero, en que se inicia un mes de la Patria. Pero Duarte quiere compromisos sociales y políticos. Su pensamiento está vivo y merece atención.

Los grandes hombres no mueren ni sus ideas son sepultadas. Siempre estará presente un pensamiento vivo donde se habla de respeto a la soberanía, a las libertades públicas, a la honradez en las finanzas del Estado y a dar el mayor de los sacrificios por la Patria.

El compromiso de hoy con Duarte no es depositar una ofrenda floral ante la estatua de mármol; ¿Qué importancia tiene eso, si hay indiferencia de su legado?. Duarte no dejó fortuna, pero si el pensamiento de que nunca debe perecer la libertad y la soberanía.

Hoy como ayer, el país se encuentra sometido al capricho de las grandes potencias. La libertad es condicional y la democracia no pasa de ser un simple boceto. Es necesario recrear la Patria que se nos perdió antes de iniciar el camino. La senda de la libertad y la independencia está obstaculizada por la cizaña. Es hora de tomar la mocha y limpiar los carriles.

A las nuevas generaciones hay que enseñarle al Duarte que importa. El triunfador, el que levantó su voz en contra de una potencia conquistadora, el que se opuso a la intervención extranjera, el que no se manchó las manos con el dinero del pueblo. No quiero al Duarte de las fotos, al de los monumentos de mármol, si al de carne y hueso.

En cada dominicano que tiene pensamientos patrióticos, y lucha por el bienestar colectivo, que levanta su voz contra las injusticia, allí esta Duarte. No es el patricio que ha fallado, es que una parte sensible de dominicanos perdió las agallas para seguir luchando.

Duarte no es la calle llena de buhoneros y de prostitutas. No son los barrios que tienen su nombre. Esos son homenajes que se los lleva el discurrir del día. Mejor es decir estamos presentes en la lucha por una mejor vida para todos los dominicanos, a que se ponga fin a las injusticias, a que se imponga la dictadura de la verdad y de la justicia. Lejos estamos de esa meta, pero el patricio sigue en la lejanía esperando la reivindicación y el triunfo de su ideario. ¡AY!, se me acabó la tinta.

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