febrero 17, 2018

Periodista denuncia maltrato en hospital Marcelino Vélez Santana

Periodista denuncia maltrato en hospital Marcelino Vélez Santana

Emergencia: De la inercia a la violencia

SANTO DOMINGO OESTE.– El caso de una hipoglucemia severa en un miembro de la familia llevó a una ciudadana a llamar al 911, que en pocos minutos arribó al lugar de la emergencia para ofrecer un servicio de asistencia incuestionable, pero la excelencia terminó cuando el paciente fue llevado a la emergencia del Hospital Marcelino Vélez, donde quienes acuden sufren desde indiferencia, hasta la lentitud contraproducente, en ocasiones agravadas por el trato hostil del personal de seguridad, que puede rayar en la violencia.

Cuando la periodista María Acevedo llegó en la unidad del 911, su familiar ya había sido estabilizado por los primeros auxilios aplicados por la familia y la pronta medicación del personal que lo asistió en la ambulancia.

El único punto cuestionable al servicio del 911 fue la negación a trasladar al paciente a la emergencia del Instituto Nacional de la Diabetes (INDEN), donde prefería la familia por ser un centro especializado, en cambio se impuso el Marcelino Vélez por estar más próximo, aunque la diferencia no es significativa.

Sin embargo, en la emergencia del hospital Marcelino Vélez, vivió lo que tanto se denuncia: Tardanza en la atención de los pacientes. Solo unas pruebas de laboratorios tardó desde algo más de las 9:00 pm del domingo cuando fue indicada, hasta las 2:30 de la madrugada del lunes cuando se obtuvieron los resultados, pese a que las mismas, fueron validadas por la licenciada Minersy Feliz a las 12:37, a las 12: 58 y a las 12:59 am.

Como pudo observar en dos ocasiones en un pasillo usado como extensión de la emergencia un paciente mínimo tiene que agravarse al punto de convulsionar para generar una rápida asistencia.

Mientras eso ocurre, los pacientes adoloridos lloran, se quejan, los familiares muestran por lo bajo su inconformidad y en algunos casos a viva voz se quejan de la de desatención, lo que prolonga sus quebrantos y estadía en el lugar.

A todo esto se suma la incomodidad del familiar que acompaña a cada enfermo por horas y hasta días en la emergencia. No disponen ni de asientos ya que en los mismos es que se asiste a los enfermos. Se pueden contar con los dedos las camillas.

La seguridad en manos de indolentes

El escándalo que se produce cuando un paciente o sus familiares reclaman atención altera al resto de los enfermos, mientras algunos familiares se asoman temerosos a ver qué ocurre. Como sucedió en un par de ocasiones en la madrugada del pasado fin de semana que forma parte de este relato.

Cuando un tercer alboroto quebrantó la tranquilidad de la madrugada, los curiosos que se asomaron al pasillo de la entrada observaron un hombre ensangrentado tirado en el suelo en la misma puerta y miembros del Ejército que compones la seguridad tratando de apartar a quienes se supones familiares del paciente que falleció minutos más tarde.

Los agentes entendían que debían separar a los acompañantes del herido, que pretendían entrar a la emergencia y no acataban la orden de que sólo podía ingresar uno de ellos. El ambiente se tornó ruidoso y sobre el cuerpo del herido que yacía en el piso se escenificó una trifulca.

En el momento en que unos de los agentes pretendió descargar una macana sobre los acompañantes del herido, la periodista que ya había pensado escribir sobre su experiencia en la emergencia del hospital Marcelino Vélez, entendió que era demasiada violencia y decidió grabar la escena para complementar su trabajo.

Fue ahí donde unos de los guardias, al verse grabado dio la orden de quitarle el celular y borrar las imágenes, lo que se propusieron todos a hacer, olvidándose del lío generado en la puerta.

Prepotentes, entre amenazas e improperios, que siguieron aun después de arrebatar el celular y llevarlo al médico de turno que lo tomó violando la propiedad privada para, sin ninguna autorización manipularlo, como quedó registrado en el mismo teléfono que aún seguía grabando.

Uno de los agentes con ínfula de abogado pretendió dar cátedras de derecho, mismas que junto a sus insultos mantuvo aun cuando se encontraba con el médico, en momentos en que desconociendo la tecnología, el grupo creyó haber eliminado tanto el video como las imágenes.

Aunque es una realidad que los hospitales enfrentan situaciones que pone en riesgo la seguridad del personal de salud, familiares y pacientes, no se entiende que se recurra a un equipo sin ninguna preparación para tratar con humanos en situaciones difíciles, más cuando se trata del dolor físico y emocional que envuelve de una manera u otra al que busca asistencia hospitalaria.

Mientras todo eso ocurre, sigue en el abandono la ampliación del hospital, inaugurada por el presidente Danilo Medina el 14 de junio de 2016 en un acto en el que se detallaron las áreas con que cuenta la nueva obra en la que el Estado invirtió RD$1,700 millones.

Sin ninguna explicación, a un año y siete meses de su inauguración, la población desconoce por qué no puede beneficiarse de la nuevas emergencias para adultos y pediátrica dotadas de 51 camillas, si en la actual no hay condiciones para recibir atenciones dignas; por qué siguen cerrados los 13 quirófanos de la nueva área de cirugía, las salas de parto, pre-parto, post-parto y neonatal, cuidados intensivos general y pediátrico, con sus 15 camas y 19 cunas y por qué si la parte vieja superó su capacidad para internamientos, no puede estrenar las 54 habitaciones y sus 135 camas nuevas.

Además, mientras el que lleva un paciente en su vehículo no tiene donde estacionarlo, la abandonada ampliación cuenta con 200 en dos niveles soterrados. Igualmente esperan equipados 13 quirófanos, los anunciados laboratorios, las dos unidades nuevas de rayos X, monografías, resonancia magnética, farmacia, sistema de gases medicinales y sala de espera, entre otras facilidades.

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