El estrés y la enfermedad cardiovascular

Nicanor Rodríguez Tejada
El sistema inmunitario y el estrés

Por Nicanor Rodríguez Tejada*
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Una de las principales causas de fallecimiento son las enfermedades cardiovasculares -del corazón y los vasos sanguíneos-. Las enfermedades cardiovasculares pueden provocar infarto de miocardio y apoplejía; el infarto de miocardio ocurre cuando se obturan los vasos sanguíneos del corazón, mientras que la apoplejía afecta a los vasos sanguíneos del encéfalo.

Los dos factores de riesgo más importante de enfermedad cardiovascular son la hipertensión arterial y un nivel elevado de colesterol en la sangre.

El grado en que las personas reaccionan a los posibles factores estresantes puede influir en la probabilidad de lleguen a sufrir una enfermedad cardiovascular. Por ejemplo, Wood y cols., (1984) examinaron la tensión arterial de personas que habían sido sometidas a la prueba de aumento de tensión por frio (cold pressor test) en 1934, cuando eran niños.

Es bueno destacar que esta prueba revela cómo responde la tensión arterial del sujeto al estrés que causa meter la mano en un recipiente con agua helada durante 1 minuto. Wood y colaboradores observaron que el 70 por ciento de los sujetos que reaccionaron de manera excesiva a dicha prueba cuando eran niños tenían la tensión arterial alta, en comparación con el 19 por ciento de los que mostraron una escasa reacción a la prueba.

Un estudio realizado con monos demostró que diferencias individuales en reactividad emocional representan un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular. Manuck y cols., (1983, 1986) alimentaron a un grupo de monos con una dieta rica en colesterol, lo cual incrementa la probabilidad de sufrir una enfermedad de las arterias coronarias. Midieron la reactividad emocional de los animales cuando se le amenazaba con apresarlos. (Los monos evitan el contacto con los seres humanos, y perciben que se les aprese como una situación estresante).

En los animales que manifestaron las reacciones negativas más intensas finalmente llegaron a tener la mayor incidencia de arteriopatía coronaria. Es probable que estos animales reaccionaran más intensamente cualquier tipo de factor estresante, y estas reacciones tenían efectos perjudiciales sobre su salud.

Al parecer, al menos algunas de las diferencias en la reactividad emocional que manifestaba cada animal se deben a diferencias genéticas en la química y el funcionamiento cerebral. Eilam y cols. (1991) trasplantaron tejido del hipotálamo de ratas genéticamente hipertensas a ratas normales y hallaron que la tensión arterial de las ratas receptoras aumentaba por término medio un 31 por ciento. (Los trasplantes de tejido hipotalámico de ratas normotensas no aumentaron la tensión arterial de las receptoras).

Estas diferencias genéticas pueden comportar alteraciones en el control de la secreción del CRH (Corticoliberina hormona hipotalámica que estimula al lóbulo anterior de la hipófisis) Krokof, Mac Tavish y Jhamandas (1999) hallaron que el estrés provocaba más activación de las neuronas secretoras del CRH en las ratas genéticamente hipertensas.

Hasta ahora no hemos centrado en el estrés prolongado. Pero el estrés agudo puede por sí mismo agravar una enfermedad cardiovascular. Como señalan Rosaski, Blumenthal y Kaplan (1999), puede originar un estrechamiento de las arterias coronarias, arritmias en el latido cardiaco, estimulación de la función de los trombocitos (lo que favorece la formación de coágulos), y aumento de la viscosidad de la sangre; y tales efectos pueden provocar crisis mortales. Las consecuencias del estrés agudo pusieron de manifiesto en el terremoto de los Ángeles de 1994. En la semana previa al terremoto, el promedio de muerte repentina por ataque cardiaco era de 4.6 por día. El día del terremoto murieron 24 personas por este motivo (Leor, Poole y Kloner, 1996).

Respuesta de afrontamiento

(Una respuesta de afrontamiento es una respuesta mediante la que un organismo puede evitar, escapar o minimizar un estímulo aversivo; reduce los efectos estresantes de un estímulo aversivo).

Como se ha visto, muchas de las consecuencias nocivas del estrés prolongado se deben a nuestras propias reacciones- especialmente, a la secreción de hormonas del estrés-, algunos sucesos que motivan respuestas de estrés, como por ejemplo un esfuerzo prolongado o el frío extremo, causan perjuicios directamente.

Con estos factores estresantes nos afectan a todos. El efecto de otros factores estresantes como las situaciones que generan miedo o ansiedad, depende de la percepción de cada cual y de su reactividad emocional. En otras palabras, debido a diferencias individuales en temperamento o experiencia en determinadas situaciones, una situación concreta les puede resultar estresante a unos y a otros no. en estos casos la percepción es lo que cuenta.

Una de las principales variables que determinan si un estímulo aversivo llegara a provocar una reacción de estrés es el grado en que puede controlarse dicha situación. Cuando un animal puede aprender una respuesta de afrontamiento que evita contacto con un estímulo aversivo o reduce su intensidad, su respuesta emocional disminuirá o desaparecerá. Weiss (1968) descubrió que las ratas que aprendían a minimizar (pero no a evitar por completo) descargas eléctricas mediante la ejecución de una respuesta cada vez que oían un tono de aviso padecían menos úlceras de estómago que las ratas que no tenían control alguno sobre la descarga.

El efecto no se debía al dolor en sí mismo, ya que ambos grupos de animales recibieron exactamente el mismo número de descargas. Por lo tanto, la capacidad de ejercer algún tipo de control sobre una situación aversiva reduce la respuesta de estrés de un animal. Los seres humanos reaccionamos de forma parecida. Las situaciones que le permiten al individuo ejercer cierto control tienen menos probabilidad de producir signos de estrés que aquellas en las que el control es ejercido por otros (o por máquina) (Gatchel, Baum y Krantz, 1989).

Quizás este fenómeno explique porqué a algunos les gusta llevar un mascota de la buena suerte u otro tipo de “fetiche protector” cuando se encuentran en situaciones estresantes. Tal vez incluso la ilusión de control puede resultar tranquilizadora.

Foy y cols. (1987) descubrieron que el estrés debido a restricciones física o a descargas en la cola debilitaba el establecimiento de la potenciación a largo plazo en secciones hipocampales obtenidas en animales estresados. En un estudio posterior del mismo laboratorio (Shors y cols., 1989) se observó que este efecto no se producía si a las ratas se les daba la oportunidad de escapar de la descarga (el estudio utilizó un grupo de referencia acoplado, de manera que las ratas que podían escapar de las descargas recibían tantas como las que no podían hacerlo).

En ese caso, la oportunidad de dar una respuesta de afrontamiento reduce el impacto negativo del estrés sobre el hipocampo. Todavía no se han determinado los mecanismos neutrales u hormonales comprometidos en los efectos positivos de las respuestas de afrontamiento.

Psiconeuroinmunología

(Es la rama de la Neurociencia relacionada con las interacciones entre los estímulos ambientales, el sistema nervioso y el sistema inmunológico).

Como se ha visto, el estrés prolongado puede ser perjudicial para la salud e incluso conducir a lesiones cerebrales. La principal causa de dichos efectos es un nivel elevado de glucocorticoides, aunque la hipertensión arterial provocada por la adrenalina y la noradrenalina también contribuye a ello.

Por otra parte, la respuesta de estrés puede afectar las funciones del sistema inmunitario, el cual nos protege de la amenaza de virus, microbio, hongos y otros tipos de parásitos. El estudio de las interacciones entre el sistema inmunitario y la conducta (mediadas, por supuesto, por el sistema nervioso) se denomina Psiconeuroinmunología. Este relativamente nuevo campo se describe en los siguientes subtitulo del material.

*Es doctor en derecho y psicólogo

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