Las primarias: para que sirven?

La violencia y la comida
Las primarias:

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

El establecimiento de las primarias abiertas, es un desacierto. Los problemas internos de los partidos, sobre todo la búsqueda de sus candidatos presidenciales, es un asunto interno que no tiene que involucrar a toda la comunidad con derecho a voto.

Los partidos tienen que elegir de acuerdo a sus estatutos a sus candidatos, y luego, en las elecciones, someterlos a la consideración del pueblo. Se comete una barbaridad echando sobre los hombros del pueblo votar en unas elecciones meramente partidistas.

Lo que va a florecer es la compra del voto. Los militantes de un partido determinado dejaran de tener importancia, y se tratará de involucrar a la mayor cantidad de extraños.

No se olvide que los partidos son agrupaciones minoritarias, que no pueden ganar con sus propios votos unas elecciones.

La diferencia entre ganar y perder está, como lo hemos dicho tantas veces, en la masa más conservador de la población, la que sale huyendo cuando en etapas lejanas de unas elecciones se le pone el tema partidista. Vamos camino de que los partidos dejen de tener importancia, y se pase a la compra de votos.

Se hace en las elecciones generales, pero ahora para los vendedores de conciencia,  y los compradores de la boleta se abre una nueva zafra, con las  convenciones abiertas.

Los juristas pueden estar divididos en torno a la legalidad de la medida, pero hay que verla desde el ángulo político. Las primarias abiertas convierten a la actividad política en un mercado de venta y compra de conciencias marchitas.

Vista la forma en que se han celebrado las convenciones en el país, con resultados y formas rechazadas por el Tribunal Superior Electoral, hay que llegar a  la conclusión de que se está llevando a la actividad partidista  nacional a una encerrona.

Fuera de las apetencias de los políticos hay un país en crisis. Aumenta el desempleo; las escuelas no pueden albergar a todos los niños y jóvenes en edad escolar, la deserción es masiva, hay pocos centros de formación técnica; los hospitales, a pesar de las inauguraciones, siguen siendo antesalas del infierno, y el alto costo de la vida impide que un dominicano con trabajo de salario mínimo tengan su comida segura.

En la agenda de la casi totalidad de los políticos nacionales el tema de los bajos niveles de vida de la población no tiene solución. Se mira al ciudadano de a pie por encima de los hombros, se piensa en las riquezas acumuladas, y se tapan las narices al pasar junto a un pobre, porque le hieden los excluidos sociales.

El país reclama y necesita que se deje a un lado la forma atropellante de hacer política, y de nunca pensar en las necesidades básicas de la población. Es un trillo que cada día se hace más difícil, porque el embudo social es más riquezas para los que tienen dinero, y la muerte y el abandono para los que tienen los bolsillos vacíos.

Las necesidades del pueblo no van a mejorar ni con primarias abiertas o cerradas.  Esas son planteamientos y posibilidades de los que se burlan de sus necesidades, de los que son indiferentes al drama de  las madres solteras, los niños sin leche, los adultos sin medicinas. La Patria languidece en el lodo de la exclusión social, por lo que le debe ser indiferente la forma en que los partidos elijan a sus candidatos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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