¿Cómo están tus filtros?

Por: Redacción

Por Néstor Estévez

Esta pregunta puede parecer extraña, pero su utilidad es tan grande como difícil de medir.

Además de que es sumamente útil, el tema de los filtros no debe parecer extraño. ¿Acaso no es filtrar lo que hacen las mascarillas que ha puesto de moda la pandemia actual?

Quien siga encontrando extraño el tema puede que tenga sus razones. Pues, aunque desde preparar un café, a menos que sea para disolver, hasta usar lentes de sol implica uso de ciertos filtros que cumplen una función para adaptar situaciones a nuestros requerimientos y preferencias.

Pero ocurre que muchos filtros de gran importancia suelen ser ignorados o relegados, sin reparar en las consecuencias de esas decisiones. En ese ámbito destacan filtros al momento de emitir mensajes, que es mucho más que simplemente hablar o escribir. Y también ocurre igual con filtros al momento de exponernos a ciertos mensajes, principalmente a través de la vista y el oído.

Entenderlo se facilita con solo reparar en esas ocasiones en las que hemos publicado algo en las denominadas redes sociales, y después sentimos un arrepentimiento inmenso por esa acción. O quizás resulte esclarecedor pensar en el remordimiento que sentimos luego de haber ofendido a alguna persona.

La velocidad a que circulan los mensajes en el mundo actual lleva a cometer muchos errores que pueden ser evitados con el uso de ciertos filtros. Y eso vale tanto para emitir como para recibir mensajes. Quizás convenga reducir un poco esa velocidad y consultar una valiosísima lección atribuida a Sócrates.

Cuentan que Sócrates solía usar un filtro que conectaba mucho con su capacidad para entender y enseñar. Se trata de un triple filtro que hoy sigue teniendo validez y puede aportarnos grandes beneficios con su uso. Tanto para recibir como para emitir mensajes es muy beneficioso usar un filtro con tres escalas de valores: bondad, utilidad y verdad.

Dicen que alguien se le acercó, con cierta euforia, pretendiendo contarle algo a Sócrates. -Maestro, maestro, deseo contarte una cosa que me dijeron sobre un amigo tuyo, dijo el hombre. El maestro, que percibió lo que podría venir con ese mensaje, logró reducir esa euforia. Para ello hizo tres preguntas y ofreció una recomendación. Así terminó disuadiendo al mensajero.

La primera pregunta (filtro) de Sócrates fue: lo que me quieres contar, ¿es bueno? A lo que recibió como respuesta: -De ninguna manera, maestro. Todo lo contrario, es muy malo. Por eso te lo quiero contar. -Espera, dijo el sabio. Y procedió con el siguiente filtro.

Esa segunda etapa fue abierta con otra pregunta (filtro): lo que me quieres contar, ¿es útil para mí? El eufórico mensajero se rascó la cabeza al expresar: -Pensándolo bien, no, maestro; no creo que le vaya a servir de mucho. Ya Sócrates iba por dos terceras partes de las razones que necesitaba para rechazar aquel mensaje.

De todos modos, aplicó su tercera pregunta (filtro): -Eso que me quieres contar, ¿es verdad? Ya el mensajero estaba sintiendo buena dosis de arrepentimiento al ver casi frustrado su propósito. Por eso su respuesta fue: -No estoy seguro, pero no creo que sea verdad.

Sócrates fue contundente al expresar: -Pues si eso que quieres contarme no es bueno, útil ni verdadero, mejor no me lo cuentes. El mensajero no tuvo más que despedirse con lo poco de valor que le quedaba, viendo frustrado su intento de alterar el ánimo del sabio contándole algo que no logró pasar la prueba del “triple filtro de Sócrates”.

De eso hace casi dos mil quinientos años, pero muchas personas siguen consumiendo gran energía, emitiendo o recibiendo, con mensajes que no logran superar los tamices de la bondad, la utilidad y la verdad.

De los mensajes que emites, ¿Cuántos superan este triple filtro? Y de los mensajes que recibes, ¿Cuántos logran pasar la prueba?

En tiempos en los que todos comunicamos para todos, en tiempos en los que cualquiera habla sobre un tema, aunque no tenga el más mínimo conocimiento sobre el mismo, en tiempos en que tanta gente intenta pintar de verdad lo que no lo es, en tiempos en que “el allante es la mitad del pleito”, en tiempos de posverdad y hasta de posmentira, el triple filtro de Sócrates resulta de gran ayuda a la hora de emitir o exponernos a ciertos mensajes.

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