Con China y con todos los que respeten nuestra soberanía

Por: Tony Valerio

Por Francisco Luciano

No es necesario mofarse ni sacaliñar al presidente, Luis Abinader su aparente cambio de retórica frente a la República Popular China, a fin de cuentas, es facultad constitucional del presidente de la Republica decidir en última instancia sobre los asuntos de política internacional, preservando el interés de la nación sobre cualquier otro.

De todos es sabido que, en un acto de novatada política el actual mandatario confundió sus sentimientos con el interés de la nación, aseverando de manera categórica que: “Si China quiere invertir en áreas no estratégicas del Gobierno dominicano es bienvenida su inversión, pero la decisión del Gobierno dominicano es tener una alianza estratégica con Estados Unidos. Repito. Hemos sido claros en esta posición. Mi posición es que nosotros necesitamos estar en temas de alianza estratégica con los Estados Unidos”.

Acontece que, desde el mismo instante en que el presidente, Danilo Medina acordó mantener relaciones plenas con la República Popular China, la diplomacia y el cabildeo estadounidense había hecho saber a los sectores más influyentes del país y de otros confines, su oposición a que los chinos realicen inversiones en reglones de la economía y el desarrollo dominicano, tales como: Puertos, aeropuertos, trenes y tecnologías, por considerarlos espacios estratégicos que deben estar reservados a su incumbencia exclusiva.

Por lo tanto, las expresiones del bisoño presidente se inscribieron en una lógica de obediencia a esos dictados. La necesidad de obtener vacunas contra el covid, en cantidad y tiempo suficiente para inocular a los dominicanos, hace entender al nobel mandatario que la primera responsabilidad de un gobernante es con su pueblo. La tardanza Pfizer y su falta de compromiso para suministrar las vacunas contratadas con antelación, contribuyeron a que nuestro mandatario aprendiera la lección con un arte de suerte que las cosas le han salido bien porque los chinos comprenden perfectamente el tipo de presiones a las que recurre el gran coloso de Norteamérica con los países débiles.

De ahí que, la declaración del presidente, Abinader informando que, “Acabo de conversar con el presidente de China, Xi Jinping, sobre las relaciones bilaterales de nuestros países. Le agradecí de manera especial el permitir la exportación de las vacunas a RD. También, hablamos de incrementar el intercambio comercial y las exportaciones desde RD”, deben asimilarse positivamente por ser diplomática y políticamente correctas.

Luego de recibir las vacunas chinas y leer esas palabras, habría que ver si nos olvidamos de las expresiones del mandatario que rezan: “Si China quiere invertir en áreas no estratégicas del Gobierno dominicano es bienvenida su inversión, pero la decisión del Gobierno dominicano es tener una alianza estratégica con Estados Unidos”. Esto así porque, la inversión estratégica más arriesgada que podríamos hacer con China, Estados Unidos o cualquier otro país, es la de confiarle la salud del pueblo dominicano, lo cual ya estamos haciendo al inocular a nuestra población con las vacunas Sinovac procedentes del gigante asiático.

El Gobierno dominicano está en la completa libertad de actuar con “mente libre y manos sueltas” para pactar con quien resulte más conveniente la ampliación de sus puertos, aeropuertos, trenes y carreteras, así como la inclusión de las redes 5G para avanzar en la incorporación de tecnología de alta gama.

Después de inyectar más de cinco millones de vacunas en los cuerpos de los dominicanos sería una actitud sino pusilánime, contradictoria, cerrarse a las inversiones chinas para lograr la innovación tecnológica en nuestro territorio.

La posición correcta es que nosotros necesitamos estar en temas de alianza estratégica con todos los países, empresas e inversores que estén dispuestos a respetar nuestros derechos de soberanía e integridad, como lo establece nuestra constitución, y que nos permitan incrementar el intercambio comercial y las exportaciones con el resto del mundo.

El autor es docente universitario y dirigente político.

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