Con mis propios ojos

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

A lo largo de su vida las personas observan cosas, que si no fuera porque las ven personalmente, no las creyeran. Esas cosas, ocasionalmente, se encuentran en artículos de consumo masivo. sólidos, líquidos, gaseosos o como sean.

Esos artículos pueden ser leche, azúcar, gasoil, gas propano, kerosene, arroz, avena y miles de cosas más que compramos diariamente.

Hay muchos individuos, quizás más de los que debieran ser, que nunca se dan cuenta de la calidad o cantidad, del estado, de lo que compran.

Pero hay gente que se toma su tiempo en mirar las cosas, los relojes, los pesos, condiciones de los envases, etc. para evitar ser estafados.

El pasado lunes 22 de febrero acudí a uno de los supermercados de una de las prestigiosas cadenas establecidas en la capital. Entre los artículos comprados figuraron tres fundas de azúcar crema de dos libras cada una, calculadas para un mes de consumo. Mi esposa y yo tratamos cada vez más de reducir la cantidad de la misma. Observamos muy bien cada cucharadita antes de endulzar el café u otro producto.

Eso nos ha permitido apreciar la cantidad de partículas, objetos extraños, que se encuentran entre los diminutos granos. Son cosas de diferentes colores que se destacan a simple vista. Sabrá Dios que cosas son. De lo que sí pueden estar seguro es de que van a nuestro estómago. Para dar constancia de ello tomé fotos de las encontradas en la ocasión que motiva este artículo… No sé si podrán apreciar en la calidad de las mismas su consistencia.

En muchas ocasiones quien escribe se ha puesto a pensar que en el perfeccionado desorden que existe en nuestro país es posible encontrar de todo en todas las cosas.

No sé si en realidad existen controles de calidad que puedan un día quitarnos esa preocupación que, si la tomamos a pecho, nos volvería locos a todos.

¿Quiénes se encargan de medir el gasoil, la gasolina, el gas y demás cosas que compramos obligatoriamente? ¿Quién vela por la calidad de la harina de trigo, la sal, el azúcar, la leche, el aceite, etc? Eso lo determina la honestidad de los industriales y comerciantes, de los intermediarios, de los detallistas. A veces lo determina la habilidad del gato que tiene el colmadero para cazar los ratones en los tramos.

Aquí estamos a las buenas de Dios. Si hasta las perfectamente selladas fundas de azúcar tienen lo inimaginable en su interior, imagínese lo que contienen los productos al granel, que están en los cajones abiertos del negocio.

La irresponsabilidad de autoridades a las que el pueblo les paga para velar por la pureza de los artículos comestibles en el país es la culpable de barbaridades como esta que nos ocupa en este momento. Así andan muchos buenos dominicanos por ahí, enfermos por la desidia e insensibilidad, la indolencia de tantos bandidos que cobran para hacer nada.

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