Por Genris García

SANTO DOMINGO, RD.- Sin proponérselo, Daniel Piña convocó este jueves a sus viejos compañeros universitarios y otros amigos que conoció en las redacciones y en su trajín como fotoperiodista para una despedida dolorosa.

No tuvo que hablar como hablaba tanto, ni llamar a nadie para que fueran a la cita, otros lo hicieron por él, se escribieron en los grupos de Whatsapp y compartían la noticia.

A muchos le saltaron las lágrimas al leer la crónica de que Daniel Piña ya no volvería a salir con su sonrisa y sus conversaciones interminables.

Pero eso bastó para que muchos desafiaran las lluvias de la tarde-noche del miércoles para ir en su encuentro y otros llegaron temprano el jueves porque ya Piña no tendría mucho tiempo en el grupo.

Aunque no tenía dinero, era un hombre rico de corazón, se daba a querer en la familia, en el vecindario, en las aulas y las redacciones.

La primera en llegar su fue su hermana mayor, Mary, quien vino desde Barahona, seguida de algunos vecinos de Villa Carmen, en Santo Domingo Este.

Cuando el cielo se puso azul y el sol brillante llegó la mayoría que no se atrevió a salir en la víspera cuando el cielo estaba encapotado y el Gran Santo Domingo se convirtió en Venecia.

Belkis, una mujer alta y siempre alegre fue de la primera en llegar arrastrando una de su pierna lesionada por un accidente automovilístico que no le impide seguir bailado como en sus años mozos.

Desde que entró al salón fúnebre dejó escapar un grito de dolor que hizo que todos voltearan la cabeza hacía la puerta.

Fue directo a ver su viejo amigo, su tercio, su pareja de baile en las fiestas del Colegio Dominicano de Periodistas, su compinche…

Se dejo caer en un sofá negro lamentando “con quien voy a bailar ahora”.

Piña estaba inerte en un ataúd gris franqueado con cuatro coronas de flores y un velón triste en su cabecera.

Los convocados siguieron llegando, sin libretas ni cámaras en las manos, pero con el corazón destrozado porque sería el último encuentro con el amigo solidario, alegre, bonachón y fino en cada disparo de su cámara fotográfica lo que le hizo ganar muchas portadas y una amistad sin igual con el líder cubano Fidel Castro.

No podían faltar Aurelio Henríquez, Olivo de León y César de la Cruz, presidentes respectivamente del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), el Instituto de Previsión y Protección del Periodista (IPPP) y la Asociación de Fotoperiodistas de República Dominicana (AFPRD).

No hicieron discursos, pero con cada grupo que se reunían destacaban la figura del fotoperiodista que hemos perdido.

No fueron al cementerio, porque la solidaridad lo llamaba a visitar otro veterano periodistas que está ingresado en un centro médico, y había que ir a ver en qué podían ayudar, como hicieron tantas veces con Daniel Piña.

Avelino García se confundía en abrazos con viejos camaradas y de sus labios saltaban anécdotas de sus tiempos universitarios y de sus años de reportero, en lo que tantas veces coincidía con Daniel Piña.

Américo Celado, otro de la vieja cofradía de Daniel Feliz Piña se sentó discreto en el segundo banco y con la jocosidad que lo caracteriza empezó a recordar aquellos años mozos.

Me compartió una foto en la que figuro con Piña y Augusto Valdivia, esa imágen fue de una fiesta en la que compartimo con la misma alegría de cada enccuentro.

Luego Geomar García, quien no pudo llegar la noche anterior por el temporal y salió del programa directo a despedir a su amigo y allí habló del tema obligado “se nos fue Piña”.

La noche anterior lluvia a cántaros en el Gran Santo Domingo, el tránsito era infernal por calles y avenidas inundadas, pero el mal tiempo no detuvo a José Beato, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP); ni a los fotoperiodistas Solangel Valdez y Alfredo Olaverria, y al periodista Juan Pérez Recio, llegaron para dar el último adiós a su amigo Piña.

Anny Santos, quien también compartió en las aulas y en su familia con Piña se escapó de su oficina para ir a decir adiós al amigo.

Todos intercambiaban buenos recuerdos y nuevas lamentaciones por la partida.

Francisco Paulino, uno de los amigos inseparables de Piña, está maltratado por los achaques de salud, pero sacó fuerza y llegó de la mano de su esposa.

No ocultó sus lágrimas.

Bárbaro Batista, quien se desempañaba como embajador dominicano en Jamaica, cuando Piña era cónsul, recreó aquellos años, siempre salpicado con la dedicación y amor que le ponía a su trabajo.

Porfirio Lora, quien conoció a Piña en la redacción del periódico El Siglo, y desde entonces se convirtió en sus “componente” llegó vestido de negro y con el corazón en pedazos.

Avelino García, un cibaeño de Puñal, en Santiago, pero radicado en la capital desde hace años, se levantó de la primera línea de asiento y pidió la atención de todos.

Luego de un preámbulo para captar la atención dijo “Daniel Piña parte físicamente, pero se queda con nosotros porque fue una persona que vivió apegado a valores de solidaridad, amistad y cariño…”

Destacó que no todo se ha perdido en medio de tantos antivalores y tanta descomposición saber de personas como Piña “pasó por nuestras vidas, compartimos con él, momentos de estudios, momentos de trabajos, momentos de alegría, momentos de conflictividad, lo recuerdo cubriendo protestas en la (calle) 6 Norte con Nicolás de Ovando y otros barrios cubriendo la lacha de la gente, Piña fue testimoniando con su cámara fotográfica la lucha de la gente”.

“Yo sé que a todos nos duele porque es la última mirada física que les demos, mas no la última mirada espiritual porque se queda en el espíritu o los sentimientos de cada uno”.

Luego Avelino citó el pasaje bíblico del Capítulo 25 de San Mateo para los creyentes y finalizó con un Padre Nuestro y una Ave María.

Allí faltaban tres de los cuatros trofeos que nos dejó Daniel Feliz Piña, ellos, con sus corazones destrozados no pudieron venir desde los Estados Unidos a despedir a su padre.

Se hicieron representar por cuatro ramos de flores blancas.

Allí estaba Nairobi la primogénita de Piña, vino con sus cuatro hijos y confesó “Dany era mi todo, era lo único que me quedaba. Mi héroe.”

Su madre murió en el 2005.

También llegaron tres de las cuatro hermanas que tenía Daniel, una de Estados Unidos, una de Barahona y la otra de la capital. La cuarta está en Italia y no pudo venir.

A las 10:55, entró a la funeraria Savica el periodista Bienvenido Scharboy con la prisa que le permiten sus pierdas adolorida y sostenidos por un bastón, ya muchos abandonaban la capilla y los trabajadores fúnebre comenzaron a recoger las coronas y a movilizar el ataúd.

Alcanzó a detenerse frente al amigo y despedirse de él.

Al Cementerio Cristo Salvador, de Santo Domingo Este llegó un puñado de amigos y familiares para la despedida final.

Entre ellos estaba Porfirio Lora, otro fotorreportero, quien acompañó a Piña en sus momentos alegres, pero también em los más dolorosos y angustiosos.

Allí se le metió un dolor profundo el alma, se le inundaron los ojos, les temblaban las piernas, ya no aguantaba más y se fue antes de que el sepulturero dijera “mezcla”.

CONTENIDO RELACIONADO:

Murió el veterano fotoperiodista Daniel Feliz Piña