¿Dónde está la oposición?

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Manuel Hernández VilletaSe perdió la línea divisoria que marca la ideología. Ahora todos los partidos políticos son iguales. A nadie le puede molestar que se den cambios de chaqueta por cualquier circunstancia. Solo hay la visión personal sobre que palo de bandera se debe pisotear.

Lo que establece una marca de división en los partidos políticos es su fundamento ideológico, su visión de como modernizar el mundo, como se tiene que dividir la riqueza y el poder económica que están en pocas manos y como hay que llevar la dignidad a las capas más desprotegidas de la población, que es el segmento mayoritario.

Todos los partidos políticos hoy tienen como única meta llegar al poder. Para ello tienen que ser graciosos al poderoso empresariado local y a los Estados Unidos. Si, no se sorprendan, hoy, como ayer, los norteamericanos son el eje definitorio de la vida política nacional.

Al doctor Joaquín Balaguer le tocó encabezar un gobierno que se eternizó poro doce años. Era el fruto colateral de la revolución y la posterior intervención militar norteamericana. Las posiciones sociales estaban claramente diferenciadas. Con la sangre derramada en las calles, era difícil que se dieran los cambios de partidos como hoy.

Y se dieron. El doctor Balaguer logró postrar a sus pies a izquierdistas, a secretarios generales y de organización del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y a personalidades que jugaban a las dos cabezas. Pero eran hechos individuales. Había ferrea y titánica oposición a Balaguer, en los estertores de la guerra fría.

Hoy todo el mundo es igual. Solo cambian los nombres de los dirigentes y hasta los anuncios para televisión son realizados por los mismos publicistas. Para haber oposición, se tiene que lidiar con los poderes fáticos y enfrentarlos, y a ningún político se le ocurriría echarse de frente al Consejo de la Empresa Privada, o a la embajada. Lo demás es pamplinas. No puede haber oposición, porque no hay discurso, ni visión de futuro.

Balaguer es un referente. Sanguinario en los doce años, hizo una metamorfosis y como el cáncer logró la metástasis por todo el cuerpo político nacional. Balaguer hoy, ya muerto físicamente, logra lo que no pudo en los doce años: ser aceptado y reivindicado por todos los partidos políticos.

Los tres principales partidos nacionales tienen a Balaguer como su punta de lanza y referencia para actuar ante las masas. Nunca los muertos de los doce años serán reivindicados, porque Balaguer, cabeza política de esa era de exterminio, es la ideología del clientelismo, del oportunismo y del navegar en tiempos tormentosos, que levantan hoy todos los partidos nacionales. Balaguer, es doloroso admitirlo, no se esfuma como los grandes capitanes caídos en desgracia y derrotados, sino que es el corazón de los que sobreviven sobre el miasma de una sociedad derretida.

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