Educación: la cuerda floja

Por: Redacción

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Poco se va a lograr tratando de colocar remiendos a un año escolar que ha sido irregular. No es culpa de nadie. Se presentó la pandemia y tomó a todo el mundo de sorpresa. No hay condiciones para las clases presenciales, y a duras penas se imparte la docencia por los medios audiovisuales y el internet.

En las escuelas públicas ya no hay tiempo para volver a las aulas. Es un año escolar que está a un soplo de las finales. La vuelta a la escuela de sopetón podría ser más traumática que beneficioso. Se vacunaron a los maestros, pero la epidemia sigue su curso.

Lo malo en el sistema educativo es que se ha tratado de volver a la normalidad, en época de crisis. Lo lógico era que el año escolar se enfrentara como una acción critica, y no buscando una rutina de años anteriores que era y es totalmente imposible.

Sin embargo, este año escolar ha servido para dejar ver las brechas irreconciliables que hay entre la docencia pública y la privada. En la mayoría de los colegios se ha estado impartiendo docencia presencial. Limitando el número de muchachos en las aulas, sin uniformes, sin recreo y con el internet de apoyo.

A pesar de que lograron que una parte importante de la matrícula fuera al aula, un par de veces por semana en limitados grupos, los colegios no han podido hacer un año con normalidad, porque también padecen los rigores de esta difícil etapa para toda la sociedad.

El sector público nunca estuvo en capacidad de iniciar la docencia presencial. Se ha querido forzar ese aspecto, no sé porque razones, pero ello es imposible. Todos los esfuerzos se deben dedicar ahora en salvar lo poco que se pueda de una catedra a la deriva.

Ni el sector privado ni en el área oficial hay condiciones para hacer exámenes finales. No se ha impartido una docencia de calidad a los estudiantes para usted hacer variaciones de curso. Hay que buscar una alternativa. O se congelan las evaluaciones para promover de curso, o sencillamente se dedica el esfuerzo para rellenar lo que falta.

El año pasado no se hicieron exámenes con verdadera evaluación. Era salvar lo que se pudiera del año escolar.

Nada ha cambiado. O se promueven todos los muchos un curso, o sencillamente se queda todo el mundo en el nivel que está. No hay condiciones para llevar a cabo exámenes finales.

Y que a nadie se le ocurra aplicar en este incierto año escolar las pruebas nacionales. Sería una verdadera torpeza siquiera pensarlo. El ministerio de Educación ha hecho un gran esfuerzo para salvar el año escolar. Estableció las clases por los medios de comunicación, ha seguido facilitando los alimentos a los niños y los maestros están en plan de orientadores.

En los meses que faltan de este año escolar hay que decidirse a emprender medidas de emergencia en una etapa de cambios y trastornos. Los técnicos si deben tener reuniones permanentes para tratar todo lo referente del período 2021-2022, y evitar los errores del presente. Sin tirar la toalla, hay que comprender que, para una emergencia, la rutina y las normas se dejan a un lado y se implementa el día a día dictado por las circunstancias. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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