Cuarentena no obligatoria

Manuel Hernández Villeta
Divisiones y La Bastilla

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

La eliminación de la obligatoriedad en las medidas restrictivas por el coronavirus, nos deja en medio de una pandemia incontrolable. En los pasados cuatro meses una mayoría significativa de dominicanos dio demostraciones de que irrespetar las mínimas disposiciones sanitarias.

De ahí la inquietud actual de si se podrá seguir adelante para reducir el alto número de infectados, sin el toque de queda y sin las acciones obligatorias, implementadas dentro de las medidas de emergencia.

Estamos en medio de una crisis de salud, que no ha sido resuelta. La casi totalidad del sistema hospitalario está ocupado en torno al tratamiento del coronavirus, mientras que se torna precario atender los otros casos de emergencia que van al área sanitaria.

Este descontrol sanitario llega en medio de la parte final de una campaña electoral. Resultaba muy difícil poder seguir con el toque de queda y las medidas de emergencia. No tenía el gobierno el suficiente apoyo congresual para tratar de mantenerlas en forma prolongada.

Solo queda apelar ahora al buen entendimiento de los dominicanos, para que respeten las recomendaciones sanitarias, y de esa forma se evite la propagación de corona-virus. Las autoridades tienen capacidad de maniobra, pero se necesita la colaboración de todos los sectores.

Hay que ver con detenimiento la situación actual de la República Dominicana. Tenemos tres crisis que actúan al mismo tiempo-. La crisis de salud, la crisis económica y la crisis política. La economía se encuentra ahora mismo a ras de suelo. La gran maquinaría industrial y comercial está paralizada. El turismo tratará a principios del mes de julio de lograr una recuperación milagrosa. Pero ese camino será difícil.

La mayor parte de los países de Europa de donde viene el grueso del turismo a la República Dominicana está sufriendo en carne viva el avanzado proceso de la pandemia. Sus grandes centros productivos tienen varios meses cerrados y ahora es que inician el proceso de la recuperación.

Mientras, tenemos un millón de cesanteados que todavía no se sabe si volverán a ocupar sus puestos, que quedaron congelados cuando comenzó la cuarentena. En el mejor de los casos, las empresas podrían ofrecer facilidad a un 35 o 40 por ciento de ese personal que está en las calles.

En lo político, julio será un mes de votaciones. Las elecciones se van a celebrar en medio de una pandemia que no llega a su pico y luego inicia el descenso. Estas elecciones son impostergables. No hay más fechas disponibles. Solo un milagro nos sacará con buen pie en estas tres crisis que nos ahogan- ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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