De pobladas y economías

Manuel Hernández Villeta
Ira e indiferencia

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno sol

El Banco Mundial considera que en la República Dominicana la desigualdad social ha disminuido. Nos parece una exageración y una falta de visión de estos analistas internacionales. Por el contrario cientos de miles de dominicanos han caído a la pobreza, producto de reajustes económicos y de falta de oportunidades.

Aunque lo considera el Banco Mundial, lo cierto es que no puede disminuir la desigualdad cuando la riqueza se distribuye por la ley del embudo, donde hay pocos ricos y la mayoría tratando de conseguir la comida del día.

Las evaluaciones que pecan de tremendistas del Banco Mundial en muchas ocasiones han ocasionado serios problemas sociales y políticos en nuestros países. Ejemplo claro son los reajustes económicos que recomiendan periódicamente.

Por esos recortes que proponen los organismos internacionales ya en la República Dominicana se escenificó una poblada, donde los muertos nunca pudieron ser contabilizados. Para estos organismos internacionales los subsidios son un pecado.

Para los técnicos del Banco Mundial es importante que se mejore la eficiencia del gasto público y que se aumenten los ingresos, pero dejan en el tintero que también se tienen que reajustar los salarios y rebajar los precios de los comestibles.

Asimismo en los recortes que periódicamente somete el Banco Mundial está que se alargue la etapa de otorgamiento de las pensiones. En Europa cada día se entrega la pensión a mayor edad, pero allí la población joven no está en capacidad de llenar los reemplazos.

Las desigualdades no pueden reducirse en un país donde hay crisis hospitalaria, el sistema sanitario privado es inalcanzable para cientos de miles de personas, y las áreas públicas no reúnen condiciones mínimas para la buena cobertura.

La escuela pública está llena de clientelismo y para matricular a un niño en un colegio se necesita pertenecer a la clase media alta. La gran mayoría de los dominicanos están acorralados y desesperados, y su única movilidad social, es irse al fondo del abismo.

Los subsidios regularmente se mueven con una facilidad de políticos en busca de obtener votos electorales, o echar agua a la tea de la disconformidad social. A pesar de su clientelismo social, los subsidios van a solucionar problemas a los más pobres, a una golpeada y sofocada clase media, razón por la cual no pueden ser eliminados de golpe.

El Banco Mundial hace recomendaciones que llevan a la exclusión y que impiden que las desigualdades puedan ser controladas. Sus presiones para optimizar programas impositivos, o sea reajustar los impuestos, no permiten que se terminen las desigualdades, sino que se amplíen. Hoy lo que se necesita es mejorar los niveles de vida de la mayoría, reducir esas desigualdades que cada día se abren más y que podrían terminar en explosiones sociales. Las recomendaciones del Banco Mundial regularmente sirven para echar gasolina al fuego de las disconformidades comunitarias. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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