Definen como bonachón hombre se atrincheró y murió en Los Rosales

Definen como bonachón hombre se atrincheró y murió en Los Rosales

Por Genris García

SANTO DOMINGO ESTE.– A Cristian, el hombre que se atrincheró en su casa de Los Rosales fue definido como bonachón y buen vecino, que amasó buen dinero con sus negocios tanto en el país como en Haití.

Sin embargo, en los últimos tiempos le cayó una mala racha y los negocios se fueron a pique.

Fue abandonado por su compañera y se refugió en el alcohol.

Así cuentan familiares y vecinos que despertaron sorprendidos la mañana de este soleado domingo cuando vieron llegar las unidades del Sistema de Emergencia 911.

Junto a la ambulancia, llegó una unidad de la Policía Nacional que rápidamente pidió refuerzos.

Es que Cristian Eugenio Medina Méndez, un hombre de 40 años de edad retenía a dos adultos y dos menores de su familia armado de una pistola nueve milímetros.

Cuentan que pasó la noche ingiriendo alcohol.

Su hermana Ana narró que había sido atrapado por un estado depresivo, que tenía problemas económicos y más de una semana ingiriendo alcohol.

Cristian no escuchó los ruegos de su madre, Lidia Méndez mandada a buscar con urgencia por la Policía que buscaban se rindiera.

Él parecía que ya se había entregado, y no la escuchó.

El drama inició alrededor de las 8:00 de la mañana, y Cristian dijo a su hija que lo había traicionado por llamar al 911.

Sin embargo, la liberó sin hacerle daño, pero se atrincheró en la casa.

Los policías primeros que llegaron con el 911 dijeron que le hablaron y accedió a su pedido, pero no se entregó.

Un vecino que pidió reserva de su nombre dijo que Cristian había advertido que no se entregaría.

Dijo que llegó a tener tres patanas y que en algunas oportunidades les dijo que se ganaba 300 mil pesos diarios, pero eso terminó.

Cristian no se movía, no gemía, no se hacía sentir a pesar de que la casa estaba anegada de gases lacrimógenos al extremo que ni los policías que estaban en el exterior no lo soportaban.

Le cortaron el servicio eléctrico para neutralizar los aires acondicionados porque los policías creían que estaba encerrado en una habitación dónde no llegaban los gases, pero nada pasó.

Con un ariete, los policías golpearon la puerta, pero no entraron.

Aunque desde dentro de la vivienda no se escuchaba ni mormullos, los policías se cubrían con escudos brindados, se arrastraban por el suelo y se colgaban de los techos.

En las inmediaciones su hija, su sobrina, su madre, su hermano se mostraban angustiados y a cada instante intentaban violar los límites establecidos por la Policía.

Los vecinos del tranquilo sector de Los Rosales se mantenían en los balcones, techos, en el frente y laterales del colmado Wendy en espera del desenlace final.

Cerca de la 1:00 de la tarde llegó el vocero de la Policía Nacional, Frank Félix Durán, quien recolectó información para los periodistas que daban seguimiento al caso.

Lo llevó a un lateral y allí habló del oficial abatido, del comerciante y de que la Policía estaba buscando evitar más derramamiento de sangre…

Mientras hablaba con los periodistas, un comando táctico penetró a la casa y todos los policías se reunieron sin temor frente a la vivienda dónde antes pasaban escurridizos y apuntando sus armas de asalto.

También llegaron los hombres de Inteligencia de la Fuerza Aérea, conocido como A-2, pero ya todo había pasado y se quedaron merodeando en la zona recolectando datos para sus superiores.

El drama había terminado, los equipos tácticos de los Swat se marcharon, los oficiales se recogieron y entraron los de la Policía Científica en busca de evidencias.

Allá dentro, encontraron la pistola del malogrado teniente coronel Juan Mercedes Vásquez, líder de los Swat de Invivienda, herido mortalmente en el costado derecho lo que no dio tiempo a llegar a la sala de urgencia de un hospital.

También la pistola 9 milímetros ensangrentada, el teléfono celular de Cristian Eugenio Medina Méndez y las espoletas de las granadas de gases lacrimógenos que lo asfixiaban.

Los de la Policía Científica no pudieron realizar a cabalidad su labor por la gran cantidad de gases concentrado en la residencia y se fueron a concluir su labor en la morgue del Hospital Dr. Darío Contreras, dónde alegadamente el Inacif lo llevaría.

Cuando en una manta gris los bomberos que cubrían sus rostros con máscaras antigás sacaron el cuerpo de Cristian, su hija, su hermana estallaron en llanto.

El drama había terminado, pero el dolor empezaba a alargarse en los pechos de dos familias que perdían a sus líderes en víspera de Navidad.

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