Empleo amargo

Manuel Hernández Villeta
Empleo amargo

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

El primer y el último empleo son dos de las principales cargas sociales que tiene la República Dominicana. Los jóvenes no encuentran donde vender su fuerza de trabajo o su capacidad intelectual, siendo imposible para ellos llegar a su primera tarea rentada.

Pero al otro lado de la moneda están los adultos que no llegan a mayores. El mercado laboral dominicano cierra las puertas de las oportunidades a los hombres cuando llegan a los 45 años y a las mujeres antes de los 40. Esto quiere decir que si esa persona pierde su trabajo actual, tiene las puertas cerradas al reenganche.

En un país donde no hay compensación por vejez, o sea la pensión por edad, el llegar a los 45 años es el primer paso hacia el retroceso a la miseria. Así es que el mercado laboral del siglo 21 en la República Dominicana tiene una línea excluyente para los jóvenes y para los de edad madura.

La experiencia ya es un hecho secundario en la mayoría de los centros de trabajo. Con la automatización y tecnologías modernas, ya no importa la experiencia atesorada por 20 o más años de desarrollo técnico o profesional. Piensan esos empresarios que una computadora puede aportar la experiencia, con rasgos ultramodernas, que puede tener un hombre de 45 años o más.

Pero el viacrucis de los jóvenes también es delicado. El primer empleo es casi imposible de lograr. La mayor parte de los graduandos a nivel profesional o técnico están con los brazos cruzados o dedicados a otras actividades. Aunque consigan un préstamo y asesoría, la mayoría no está preparada para trabajar en forma independiente.

Es bueno preguntar a las universidades cual será el destino de los miles que gradúan todos los años, si no los recibe el mercado laboral y no todos pueden poner en cualquier esquina una venta de ropa de paca o de empanadillas.

En los barrios marginados los jóvenes inclusive tienen que abandonar la escuela sin haber terminado la etapa básica, lo que les cierra más las puertas para poder llevar un futuro placentero, donde puedan satisfacer sus necesidades prioritarias.

No se podrá atajar ni prevenir la violencia en la República Dominicana mientras estén cerrados los caminos al libre empleo. Graduamos jóvenes para la frustración. Esto tiene un alto contenido de resquebrajamiento social. Hay que ampliar la política de creación de empleos de calidad. Si no lo hacemos estamos prendiendo la mecha del volcán de las erupciones sociales. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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