En la pesada transición

En la pesada transición

Por Guarionex Concepción

En estos días el ciudadano que asumirá la Presidencia está recibiendo un pesado fardo de sugerencias.

Es el precio de haber ganado las elecciones y algo de lo que no se puede librar nadie en su lugar.

He visto que el más socorrido de todos los pedidos es que cumpla los mandatos de las leyes y haga pasar por la balanza de la justicia a todo el que haya cometido una indelicadeza desde el poder.

Si flaquea ante ese reclamo, flaqueará ante todos lo demás y reeditará el famoso borrón y cuenta nueva.

Este hombre joven, sin compromisos con el pasado tiene que pisar terreno bien firme, escuchar, dilucidar y actuar sin que le tiemble el pulso, en obediencia a los más sanos principios de la patria.

Su compromiso es dar inicio a una nueva etapa, en la que no sean posibles las inverosímiles barbaridades que fueron capaces de cometer los hombres en quienes el pueblo depósito su confianza por casi dos décadas.

Llueven los reclamos y sugerencias y hemos de pedir a Dios que lo ilumine y le trille un sendero que lo lleve a mantener su hombro unido a de los justos que han estado a su lado.

Que elija ahora, como compañeros de su obra de gobierno a ciudadanos también comprometidos con los más nobles ideales, y que les diga que no estarán en el cargo per secular seculorum, sino mientras lo dicten las conveniencias de los intereses nacionales. Que estarán sujetos a la renovación que evite el anquilosamiento y la inclinación a las malas prácticas, las tentaciones y el desvarío, el envanecimiento.

Cada dominicano hoy le pide algo, aunque no pueda hacérselo saber o transmitírselo. Que lo tenga por seguro el nuevo señor presidente, !ay de él si no escucha¡ o no sabe interpretar.

Ahora toca hilar fino, pensar con la cabeza fría. Calcular cada paso y consultar con Dios antes de actuar. De ahí dependerá todo lo que pase en el 2024.

Si me es permitido, yo le enviaría mi pedido de saciar la sed de justicia, primero. Luego que designe al doctor Ricardo Nieves cómo ministro de Salud Pública y al ilustre beisbolista Pedro Martínez cómo ministro de Deportes. Solo eso. Y que conste que ninguno de los dos me conoce.

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