Entre mugre y exclusión

Rafael Peralta Romero
La fuerza de la sangre

Por Rafael Peralta Romero/Voces y ecos

Como parte de una investigación que realizo para preparar el Diccionario de gentilicios dominicanos, he preguntado al periodista Faustino Reyes Toledo en torno al gentilicio de Palmarejo-Villa Linda, distrito municipal correspondiente al municipio de Los Alcarrizos, en la provincia Santo Domingo. Respondió con un reportaje de 1,043 palabras.

Lo tituló “Polvareda, mugre y miseria extrema”. Son dos comunidades empatadas mediante por ley para constituir un distrito municipal. Lo más visible allí es la pobreza, sobre todo en el sector denominado Palmarejo, habitado mayormente por descendientes de inmigrantes haitianos. Villa Linda es otra cosa, aunque todavía le quede grande su nombre.

De acuerdo a la crónica de Reyes, a poco más de veinte kilómetros de la ostentosa urbe donde se planifica el desarrollo y residen los líderes políticos nacionales, los habitantes del citado distrito malviven rodeados de calamidades, afrontando vejámenes y discriminación racial de parte autoridades gubernamentales. ¿Discriminación institucional?

Lo que ha reportado el colega es que autoridades públicas desconocen en la práctica la condición de distrito municipal de aquella localidad. Palmarejo-Villa Linda carece de todos los servicios básicos, y para colmo instituciones estatales rehúsan, según los testimonios recogidos por Reyes Toledo, a instalar sus agencias allí.

“Viven sin dispensario médico, sin centro educativo, sin agua potable, sin energía eléctrica, sin una Fiscalía, ni destacamento policial, sin Junta municipal electoral, ni oficialía del estado civil, sin iglesia católica, sin calles asfaltadas, sin cementerio, sin mercado, sin parque para la recreación y esparcimiento”.

Si elocuente ha sido el párrafo anterior, las líneas que siguen completan el tétrico panorama: “Cocinan en fogón con leñas y en anafe con carbón por falta de recursos económicos para comprar gas. En la zona casi nadie trabaja, por lo que malviven de lo que aparezca, sumidos en la pobreza más extrema”.

Insisto con el colega alcarricense en torno al gentilicio de Palmarejo-Villa Linda. Responde que hasta organismos oficiales prefieren llamarles “bateyeros”. Sus orígenes se remontan al trabajo en la industria cañera, pero la suerte de aquella gente anda lejos de la de otros cañeros, porque hay cañeros con suerte.

El informe de Faustino Reyes refiere que residentes en esas comunidades se “sienten indignados por la falta de equidad en las instituciones estatales, y citaron como ejemplo a la Junta Central Electoral que para cambiar su residencia le ponen al lugar el calificativo de batey, por lo que prefieren obtener sus documentos con la antigua dirección”.

Esa es la discriminación institucional. Pero este espacio resulta muy corto para la magnífica descripción que hace Faustino Reyes de la triste vida de los palmarejeros.

rafaelperaltar@gmail.com

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