Escarmiento preventivo y medicina para noveles

Oportunismo en Cancillería

Por Guarionex Concepción

Un entrañable amigo, conocido casi a mediados de la década de los 80 me habla de la frustración que le ocasiona la clase política.

A raíz del triunfo del perremeidismo, este dilecto amigo me observó que los políticos no escarmientan y que históricamente se han caracterizado “por el desconocimiento de la honradez, los principios morales y las buenas costumbres”.

Según la apreciación de ex vecino, estas virtudes son acompañadas de una amnesia colectiva que impide a la clase política el aprendizaje y asimilación de experiencias pasadas.

Me recuerda que en el año 1978 “el presidente Balaguer fue echado del Palacio Nacional, no obstante, mil y una tramposerias electorales con miras a retener un poder que el pueblo le negó en las urnas”

De la misma manera los desaciertos y la corrupción del gobierno del doctor Jorge Blanco sacaron también del Palacio Nacional a un PRD que parecía haber llegado para quedarse. “Craso error -apunta el apreciado contertulio- porque el pueblo no le perdono al perredeismo histórico haber hecho añicos su consigna de “Partido de la esperanza nacional”.

“La desilusión encontró un campo fértil en el seno de un pueblo defraudado por conductas incorrectas implementadas desde el gobierno”.

Y más me dijo: Recordemos que cuatro diputados abandonaron clandestinamente el país, huyendo de una potencial demanda judicial”.

La historia se repite -enfatizó- pero ahora exponencialmente multiplicada. “Los peledeistas borraron del diccionario las palabras. “saciedad”, “honradez”, “moral” y hasta ”pueblo”, que desapareció de su agenda”.

Veamos ahora hasta donde yo quería que llegara este singular amigo de tantos años. “El Partido Revolucionario Moderno (PRM) que, con el presidente Luis Abinader a la cabeza, enarbola la consigna de ‘cambio’, tiene ahora la responsabilidad histórica, no solo de llevar a la cárcel a la pléya de de desfalcadores enquistados en el gobierno del presidente Medina, sino también de la recuperación de las cuantiosas sumas robadas a un pueblo que difícilmente ha sobrevivido y carga sobre sus hombros el compromiso de pagar la deuda que contrajeron los marchantes palaciegos, abusando de la confianza que le depositaron los votantes por ocho años”.

Solo así el pregonado cambio se traducirá en una acción ejemplar y dignificante. Yo lo escuchaba atentamente. “Será una lección a todo servidor público, para desestimular un posible uso indebido de los recursos que administre”. “De esa manera este pueblo cansado de ser engañado y robado sabrá reclamar justicia para los corruptos, cero impunidades y la devolución de todo lo robado.

Que sirva este mensaje a los que se estrenarán como noveles funcionarios y desde ya les sirva de medicina preventiva.

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