Gentilicios antiguos de lugares dominicanos

Crisis de la educación

Por Rafael Peralta Romero/Voces y ecos

El accionar político, el social e incluso el económico pueden determinar que a una localidad le sea cambiado el nombre, por lo cual ha de variar también la palabra que denomina a los naturales de esa demarcación. Como el gentilicio toca vínculos entrañables de las personas, perdura en la conciencia, aunque el lugar lleve otro nombre.

Los asentamientos humanos son, por lo común, producto de la evolución paulatina, con incidencia de lo político, lo religioso y del desarrollo productivo, todo lo cual contribuye a crear un sentimiento colectivo entre los nacidos en una aldea, pueblo o ciudad. Ese sentido comunitario promueve acciones comunes perdurables.

En correspondencia con su pasado, los lugareños se apegan al gentilicio derivado del nombre primario de su localidad. Lo sienten algo suyo. Veamos algunos ejemplos. Los vicentenobleros aún se identifican como alpargateros, pues Vicente Noble, municipio de la provincia Barahona, fue llamado Alpargatal.

Un caso más firme ocurre con los naturales del municipio Villa Bisonó, provincia Santiago, quienes se apegan al gentilicio navarretense (de Navarrete) y nunca se identifican como bisonoeños. Contrario ocurre con los nacidos en Palmarejo, distrito municipal de Los Alcarrizos: prefieren ser palmarejeros y no bateyeros, que les suena despectivo.

Los nacidos en Galván, provincia Baoruco, aunque galvanenses, no reniegan de sus gentilicios anteriores: cambronalero (de Cambronal) y cebollinero (de Cebollìn). Cumbero (De Cumba) se llamó a los naturales de Vengan a Ver, distrito municipal de Duvergé, provincia Independencia. Son venganaverenses. Así los de Villa Jaragaua fueron, o son, barbacoeros. (De Barbacoa) a la vez que jaragüenses.

Los dameros (De Las Damas) son duvergenses. Los estancieros (de La Estancia) son los barieros, gente de Las Barías-La Estancia, distrito municipal de Azua de Compostela. Los de Cayetano Germosén aún se dicen guanabaneros (De Guanábano). También cayetanenses. Guasareños (De Guasa) son de Ramón Santana, provincia San Pedro de Macorís

Villa Trina cambió a José Contreras, distrito municipal de Moca, provincia Espaillat, pero sus habitantes se identifican como villatrinenses. Por igual, son mameyeros los naturales de Los Hidalgos, Puerto Plata, pues el municipio se llamó El Mamey. Los ocoeños (San José de Ocoa) aún recuerdan que fueron manieleros (De Maniel).

Pepillo Salcedo, municipio de la provincia Montecristi, no ha generado un gentilicio que supere al primitivo manzanillero (de Manzanillo). Quizá a los naturales de Villa Hermosa, barrio de La Romana declarado municipio, no agrade el gentilicio mulero (de Los Mulos) pero les está ligado como trujinero (De Trujín) a los oviedenses.

En Padre Las Casas, provincia de Azua, conviven el viejo gentilicio tubanero (De Túbano, antiguo nombre) y padrecasense, más empleado – es obvio- por las nuevas generaciones. Los gentilicios competen a la gente. (Este artículo surgió de una conversación con el historiador Roberto Cassá, y a él va dedicado).

rafaelperaltar@gmail.com

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