HUGO: ¡SIEMPRE ABRIL!

Narciso Isa Conde
El ominoso pacto de los doce

Por Narciso Isa Conde

Esta semana recibimos la noticia del fallecimiento de Hugo Tolentino Dipp.

Concluyó a los 88 años una vida, que más que elogios vacíos de contenidos y distantes de su ejemplo, merece que sus calidades sean asumidas y convertidas en referencias inspiradoras de una nueva intelectualidad contestaría.

Voy a decir de él lo que el sistema dominante de la post-verdad quiere ocultar.

Hugo no solo se adhirió a la causa anti-trujillista mientras estudiaba en París, sino que cabalgó en la dialéctica marxista, incursionó en las entrañas de la lucha clases y los nefastos poderes colonizadores… hasta abrazar una concepción que desafió la dominante historiografía tradicional, simplemente descriptiva y cronológica.

De él, Andresito Avelino, Silvano, Guarocuya Batista… nos llegaba, siendo mozalbetes universitarios, el valor de su exilio e inquietudes sociales; impulsándonos, primero a luchar por su retorno, y luego por su ingreso a la joven UASD.

Más tarde Lulú y yo compartimos con Hugo y Silvano una camaradería y solidaridad humana muy especial, más allá de avatares, roles y distancias impuestas por circunstancias adversas.

Hugo se convirtió en profesor-líder de los estudiantes de Fragua en la Escuela de Sociología. Hugo, Andrés, Silvano, acompañando a Pedro Mir y Pericles Franco, se incorporaron a la intelectualidad del PSP-PCD antes y durante la Revolución de Abril y Guerra Patria. Sus nombres sonaron en la lista de los comunistas estigmatizados por la Voz de América-VOA y su antiimperialismo creció y perduró.

Hugo combatió en la Zona Norte de la Capital insurrecta, fue pieza clave de la brillante Cancillería Constitucionalista encabezada por Jottin Cury y elaboró junto a Caamaño los discursos del Gobierno en Armas; menos uno, escrito por el poeta Abelardo Vicioso.

Insobornable y combativo frente al balaguerismo, a los designios imperialistas y al pernicioso reeleccionismo despótico, su posterior integración al entorno de Peña Gómez y finalmente al PRD, tuvo la virtud de que nunca fue absorbido por la degradación ético-moral, la re-negación del antiimperialismo y el paso al neoliberalismo de esa corriente política.

Marcó la diferencia como golondrina, que si bien no hacía verano a su interior, volaba alto en la sociedad… al punto que su antiimperialismo y su ética consecuente motivó su renuncia como Canciller del Gobierno de Hipólito Mejía.

Vergüenza debería darle, pero no la tienen, a quienes post-morten lo elogian representando a la vez facciones políticas corruptas o respaldando, por acción u omisión, el saqueo imperialista y el grotesco intervencionismo fascistoide de Trump y Pompeo, aquí y en Nuestra América. !Doble moral!

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