Insultos políticos

Manuel Hernández Villeta
Bob Menéndez

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Con miras a las venideras elecciones, hay que elevar el nivel de la discusión entre los actores políticos. Hay que dejar fuera los insultos venales, las ofensas sin sentido, las promesas que no se van a cumplir y la intolerancia.

La política es una guerra, pero hasta con las armas en las manos se rechaza la suciedad y los golpes bajos. A tiempo se está de lograr un adecentamiento del lenguaje político. No solo son los principales dirigentes, sino el mensaje que se coloca a las bases.

La violencia que ocurre en un torneo electoral puede estar cimentada en la forma en que se discuten los problemas. Cuando el marco es de iracundia, de dar con el puño, es difícil lograr desarrollar un proceso en paz.

En el país la carga es más difícil, por la sencilla razón de que la ideología salió volando. Los partidos van a las discusiones sin un programa de gobierno elaborado, sin una sustentación sobre el desarrollo nacional, y dan la impresión de que sobre la marcha van construyendo su discurso.

Por desgracia, de promesas se mantienen los hombres y las mujeres. El que nadie tiene espera que ese mensaje de redención dicho por un buscador de votos, pueda resolver su situación. No es así, los que participan en los comicios solo tienen importancia ese día.

Luego vuelven a ser piezas que se pueden tirar la zafacón. Tenemos que sobrepasar la cultura de que nadie importa, que todo está bien, que la sinrazón se tiene que imponer. Lo real es que los dominicanos tienen que exigir a sus líderes políticos que sean responsables, y que el discurso sea coherente. Por lo menos, que tengan discurso…

La Junta Central Electoral se tiene que reunir con tiempo con los principales dirigentes políticos y comenzar a hacer llamados a un lenguaje limpio y educativo en el proceso electoral. Decir la verdad, no significa la palabra impúdica, ni el insulto.

Si chequeamos las redes digitales, dando seguimiento a los interactivos pagos, veremos el espectáculo penoso y denigrante que se ve cuando la jauría ataca a una persona que no es de su preferencia. Como son pagos, en su mayoría, corresponde a los patronos moderar el lenguaje.

Hay temas puntales para el venidero torneo electoral, como la situación económica, la inseguridad, la exclusión social, la situación de la agroindustria de bajo nivel. Temas centrales para elabora un discurso sin ir a la bofetada y la palabra insultante. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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