Intercambio de disparos

Manuel Hernández Villeta
Recomposición de fuerzas

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

La delincuencia es uno de los temas que más preocupa a la comunidad nacional. Temor por la ola de violencia, y falta de fe en el futuro al ver que la juventud es la punta de lanza de la violación de las leyes. Si usted va a una cárcel, la mayor parte de los reclusos son jóvenes menores de 30 años.

Hay que investigar las razones que llevan a una parte considerable, pero minoritaria, de la juventud dominicana a vivir fuera de la ley, y a tener que conocer la cárcel o el cementerio. Hay hechos profundos que no se solucionan con darle de baja al delincuente.

Cuando un delincuente cae, se inicia la lucha interna en su sector para sustituirlo. Si la pólvora y el plomo es la única respuesta a la violencia, entonces se caerá en una espiral que nunca terminará. Se meterá más miedo a los ciudadanos y siempre la victima será el ciudadano respetuoso de las leyes.

A las prostitutas se les identifica como mujeres de vida alegre, pero en realidad no es así. Detrás de las diversiones nocturnas hay el dolor de madres solteras abandonadas a su suerte. Perfumadas de ricas esencias, pero viviendo en cuartuchos. Un amor por noche y una amargura permanente.

El llamado intercambio de disparos no es una solución mágica. Sencillamente pone fin a las andanzas de un forajido pero no toca las causas que le llevaron a vivir enfrentando a las leyes. Siempre las autoridades han estado de espaldas a los orígenes de la violencia.

Es preocupante que haya tanta delincuencia. Da la impresión de que la sociedad dobló las rodillas ante el crimen. No es así. Todavía los grupos vivos del país rechazan cualquier manifestación de sangre y de luto,.

Pero hay temor en las calles. Usted lo ve cuando le cruza un peatón. Cuando un motorista se pone en paralelo al carro donde viaja. Cuando tiene que poner barrotes de hierro en todo el perímetro de su casa, cuando tiene que evitar salir de noche y cuando a los niños se les prohíbe que jueguen fuera de sus casas.

No se puede ocultar que el crimen avanza, sea organizado o individual. Los delincuentes se hacen más osados. No respetan nada, la existencia de cámaras les importa. Desafían a las autoridades, y en muchas ocasiones salen en libertad por no haber sobre ellos expedientes sólidos para hacerles pagar por sus culpas.

Hay muchos causales para la violencia y el pandillerismo, pero el principal tiene que ser la marginalidad y la falta de oportunidades. La exclusión social. Hay jóvenes que prefieren pasar hambre o trabajar en la construcción, antes que caer en la delincuencia, pero otros…..

Pero los que desean diversión, noches de luces artificiales, ropa a la moda y vehículos caros, saben que el único camino para lograrlo es el fácil, con el cuchillo en las manos, pero también con las puertas del cementerio abiertas. Es hora de hacer frente a la delincuencia. Preferimos que sea con las leyes, con la educación, con la regeneración, pero si esto fracasa, venga el intercambio de disparos. Ay!, se me acabó la tinta.

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