La izquierda ya no es exquisita

Joaquín Balaguer y la UASD
La izquierda ya no es exquisita

Por Vianco Martínez

Crónica de una sinvergüencería contra la historia

Dedicado a Sagrada Bujosa
que perdió la guerra y perdió la paz
pero nunca ha dejado de luchar

La combinación perfecta: los balagueristas que hace tiempo andan buscando una oportunidad para rehabilitar a Balaguer en la universidad de la que fue expulsado, y los izquierdistas arrepentidos que andan de chulampiosos haciéndose los sabrosos con el sistema que una vez dijeron combatir.

Durante doce años, Joaquín Balaguer y sus agentes hicieron de la República Dominicana un feudo del terror. No había día –y ahí están las colecciones de los diarios- en que no corriera sangre por las calles, generalmente de gente buena, luchadora, jóvenes que se atrevieron a soñar con un país mejor y tuvieron la nobleza de morir de pie antes que vivir de rodillas.

Tampoco hubo día en que las tropas de aquel gobierno no derribaran violentamente una puerta en busca de un opositor o una opositora para encarcelarlo o asesinarlo.

Llegó un momento en que los asesinos del gobierno perdieron la vergüenza de sus actos y mataban a plena luz del día. Tal fue el caso de Homero Hernández, asesinado a las nueve y veinte de la mañana en la avenida San Cristóbal; y tal el caso de Otto Morales, acribillado con apenas veinticinco años de edad en la avenida José Contreras, delante de la gente, cuando empezaba la tarde del 16 de julio de 1970.

De lo que pasó en los doce años de Balaguer no se sabe ni la mitad porque los historiadores escribieron la historia con un lápiz con borra para acomodarla a los turbios requerimientos del sistema político.

Y ahora resulta –risible paradoja de la vida- que la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la misma que Balaguer trató a sangre y fuego; la misma que mandó a ocupar militarmente dos veces, con un excesivo despliegue de tanques y carros de asalto; la misma donde mataron a Sagrario Ercira Díaz Santiago; la misma que las tropas ametrallaban a cada momento; la misma a la que aquel hombre sostenido por los poderes extranjeros asedió, mancilló y ahogó económicamente sin miramiento alguno, acaba de firmar un acuerdo para “ fomentar los valores democráticos” con el partido de Balaguer.

Es verdad que en el circo en que se ha convertido la decadente vida de hoy todos tenemos un puesto asignado como payasos; y también es verdad que hoy, cuando mucha gente ha perdido la vergüenza, hacerse el gracioso se ha convertido en un deporte nacional. Pero esto que ha hecho la UASD, este pacto que ha suscrito la academia con el partido del hombre que la agredió, la ultrajó y la arrodilló sin miramientos, está fuera de todos los límites de lo razonable. Esto es una verdadera sinvergüencería contra la historia.

Los gestores de ese acuerdo son todos izquierdistas arrepentidos. José Aquino, alias Jochy, quien antes de ser juez de la Junta Central Electoral (JCE) fue dirigente del Frente Estudiantil Flavio Suero (FEFLAS) en la misma UASD, con conexiones con el Partido Comunista del Trabajo (PCT); Adonis Martín, legendario dirigente de la Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER) y de la Línea Roja (hoy Partido de los Trabajadores Dominicanos (PTD); Jaime Francisco Rodríguez, quien también estuvo unido al PTD y a la UNER; José Bello, quien joven aun levantó las banderas del FEFLAS en su escuela y luego se fue al balaguerismo; y Bautista López García, alias Radhamés, ligado al Movimiento Popular Dominicano (MPD), y aunque parezca un chiste, dirigente de una organización que lleva el nombre de uno de los grandes universitarios asesinado por el gobierno de Balaguer: Frente Estudiantil de Liberación Amín Abel (FELABEL).

En la foto de ese día, todos lucen felices y sonrientes al momento de la firma del convenio, y todos tienen cara de que la están pasando bien, departiendo entre amigos, camaradas y canchanchanes.

Balaguer fue sacado de la universidad por la Resolución número 4 del 10 de enero de 1962 del Consejo Provisional Universitario firmada por el rector interino Julio César Castaños Espaillat, los profesores René Augusto Puig Bentz y Froilán J. R. Tavárez, y los delegados estudiantiles Antonio Isa Conde y Asdrúbal Domínguez.

Los motivos: justificar la matanza de estudiantes y profesores ocurrida en la calle Espaillat, de Santo Domingo, el 20 de octubre de 1960, que reclamaban la democratización del país y, según el texto, ser “negligente en hacer caer el peso de la justicia entre los asesinos y torturadores de los estudiantes y profesores masacrados”. A pesar del eufemismo de la “suspensión”, aquello fue una expulsión. Balaguer era en ese momento el Presidente que había designado el dictador Trujillo.

Una y mil veces han intentado rehabilitarlo y levantarle la sanción que pesa en su contra, y una y mil veces han sido rechazados por la comunidad universitaria. Una vez lo intentó el rector Franklin Almeyda y tuvo que enfrentarse a un fuerte muro de protestas que se lo impidió.

En el año 2001, José Osvaldo Leger, un dirigente reformista cercano a Balaguer que terminó en las sinuosas filas del PRD, solicitó formalmente al Consejo Universitario que revocara la “suspensión”. Y en la rectoría de Roberto Santana, un ex izquierdista al que Balaguer no dio descanso con las persecuciones y encarcelamientos continuos, terminó, al decir de un reputado periodista, “acortando las distancias” entre el gobierno del caudillo reformista y la universidad.

Un buen día, tras la reconstrucción del Paraninfo de Economía, a un grupo de universitarios sin memoria se le ocurrió hacer un mural con los próceres de la democracia dominicana, y la primera cara que tuvieron el tupé de poner fue la de Balaguer. Claro que por la presión de personas con memoria tuvieron que borrarla casi de inmediato.

¡En qué estarían pensando estos izquierdistas arrepentidos cuando se pusieron de mojiganga de los hombres que le sirvieron a Balaguer a firmar acuerdos dizque para “fomentar los valores democráticos”! ¡Será que no se dieron cuenta que eso puede abrir las puertas a la rehabilitación de Balaguer en la UASD!

Puede que para estos izquierdistas arrepentidos eso haya sido maravilloso -cafecito en la mano, sonrisas y abrazos “sinceros”, celebración de un mundo sin pasado, sin historia y sin ideologías- pero ahora hay que preguntarles a aquellos que perdieron a sus parientes, a los hijos que dejó huérfanos ese régimen, a las viudas de los doce años, a las madres que se irán de este mundo sin ver justicia para sus hijos, qué piensan de esto que ha hecho la universidad “del pueblo”.

Pregúntenle a Elsa Peña, que vio morir a Homero Hernández, su esposo, ametrallado por las balas disparadas por la patrulla de Juan Arias Sánchez, un oficial que coleccionaba crímenes (entre los que se cuenta el de Orlando Martínez); o pregúntenle a doña Manuela Aristy y Sagrada Bujosa, a quienes les entregaron el cadáver del gran Amaury German Aristy calcinado y con la cabeza cercenada a bayonetazos.

Miren a ver qué piensan de ese acuerdo los hijos de Otto Morales, acribillado a plena luz del día el 16 de julio de 1970 en la zona universitaria por una patrulla que tenía órdenes, no de apresarlo, sino de matarlo dondequiera que lo encontraran; o a Mirna Santos, que, embarazada de uno de sus hijos, vio morir frente a sus ojos a su compañero, el ingeniero Amín Abel, uno de los universitarios más nobles y brillantes de todos los tiempos; o a los hermanos de Sagrario Ercira Díaz Santiago, abatida frente a la oficina de Registro de un tiro en la cabeza en una insensata incursión de aquellos terribles ejércitos de la noche, mientras se matriculaba.

Vayan donde las hijas de Mirta de la Rosa, una orquídea marchitada antes de tiempo el 15 de abril de 1970, día en que las tropas del gobierno de Balaguer abrieron fuego contra una multitud en la plazoleta La Trinitaria, frente al puente Duarte, que fue a recibir al ex presidente Juan Bosch cuando venía del exilio.

Fue tan cruel el balaguerismo y fueron tan sádicos sus procedimientos de exterminio de la oposición que mataron al periodista Orlando Martínez por escribir artículos en un periódico, y poco después le llevaron el cadáver de su hermano Edmundo a doña Adriana Howley, la madre que nunca encontró consuelo para tanto dolor.

Quizás estos izquierdistas arrepentidos, en vez de estar de sabrosos haciéndose los graciosos ante los remanentes del balaguerismo, lo que deben hacer es contribuir a limpiar las manchas de la historia, que en los doce años se hicieron más oscuras, y desde sus cátedras, desde sus decanatos y desde sus direcciones, ayudar a esclarecer por la vía academia lo que nos están negando por la vía política.

La memoria histórica no es un regalo comprado a bajo precio en la pulpería de la esquina ni una invención retórica de los pensadores. No señor. La memoria histórica es un derecho que tienen los pueblos y las naciones que han sufrido a saber la verdad de lo que aconteció en su devenir.

Los doce años de gobierno de Balaguer fueron una de las grandes desventuras de la historia. Y este país aún tiene pendiente la tarea de discutir todo lo que pasó en aquellos días, para poner a cada quien su lugar. Que con los dolores de la historia no se juega.

Hubo una vez una izquierda que peleó con Balaguer y perdió todas sus batallas. Y al final terminó siendo una exquisita corriente de opinión, que de vez en cuando reunía méritos para salir en la sección de historia de los diarios.

Lo que queda claro con este tollo que acaban de hacer los izquierdistas arrepentidos de la universidad es que la izquierda ya no es exquisita. Aquella izquierda pasional del Gordo Oviedo, que discutía sus ideas debajo de las matas de mango de la facultad de ciencias jurídicas y que leía a Neruda lo mismo que a Marx, ya no existe.

Ahora los izquierdistas de la universidad, especialmente los arrepentidos, son personas de otro mundo. Todos quieren ser decanos, viceministros o jueces de la Junta Electoral, y todos llevan una flor rosada en la solapa. Ya no quieren romper el sistema, ahora quieren ser parte de él….. y de su glamur.

Perdieron el toque hasta para cambiar unas ideas por otras, y en ese camino se olvidaron de la historia y de la sangre de sus viejos camaradas. Se iban al PRD y hasta al PLD, pero nunca se les había ocurrido coquetear con el partido que dejó Balaguer para que se acuerden de lo que le hizo a este país. Antes, los izquierdistas traicionaban mejor.

La gente tiene derecho a cambiar de ideas y a cruzar a la otra acera. Pero al hacerlo no puede llevarse consigo un pedazo de la historia y echárselo a los puercos. ¡Y menos un académico! El traje de los derrotados tiene que ser vestido con dignidad. Y por lo visto, a estos izquierdistas arrepentidos de la universidad ese traje no les sienta bien.

Al ritmo que vamos Balaguer va a terminar siendo buena gente.

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