La lucha en las calles

Manuel Hernández Villeta
Se busca un mediador

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno sol

Siendo un rabioso reeleccionista, el doctor Joaquín Balaguer tuvo que apoyarse en la fuerza represiva para lograr el continuismo. En una de sus reelecciones los militares colocaron la pañoleta colora en el cañón de los fusiles.

Peña Gómez, José Francisco, amenazaba con lanzar al pueblo a la calle, en preludio de una tierra arrasada y una nueva revolución de abril. La calle es traicionera en política, y cuando se unen a la protesta los que no tienen nada que perder, se desconoce a donde se termina lo que se inició.

La posible reelección de hoy, tiene rasgo de parecido a las del doctor Balaguer. La semejanza principal son los sobornos a políticos y congresistas. Pero no hay presos políticos ni represión. Cuando Balaguer no estaba prohibido el continuismo y solo se podía tratar de impedir con la gente en las calles.

En todas sus actividades continuista de los doce años, Balaguer aplasto por la fuerza a la oposición, pero nunca consiguió la mayoría de los votos, sino que se tuvo que auxiliar del fraude. Más que ganar por la vía electoral, se imponía por el terror.

La prohibición constitucional al continuismo hace que en primera instancia la lucha no sea de masas, sino de votos en el Congreso Nacional.

En lo que es una furiosa lucha interna, Leonel Fernández encabeza las movilizaciones contra la reforma constitucional. Con una oposición sin líder, Fernández juega a dos cabezas: una eventual candidatura en el PLD, y si hay división tratar de encabezar al frente opositor.

Mientras, Luis Abinader convoca a movilizaciones e Hipólito se cruza de brazos. Fraccionamientos por todos lados. Ya lo escribimos en un artículo anterior: Luis Abinader no puede perder la visión que Leonel Fernández puede ser su aliado circunstancial en caso de que triunfe la reforma, vayan a las elecciones tres candidatos, y se tenga que acudir a una segunda ronda.

Entrar Abinader a las movilizaciones es una jugada de fino ajedrez, que trata de evitar que si Leonel se sale del PLD, encabece a grupos importantes de oposición. De Hipólito, hay poco que decir. Los viejos dirigentes son apegados a su cartilla que en una ocasión les dio resultados. Pero el principal problema del Guapo de Gurabo es lograr fuerzas suficientes para vencer a su joven contrincante. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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