La soberanía primero

Manuel Hernández Villeta
Vienen los cambios

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

El reciente encuentro entre el presidente dominicano, Luis Abinader, y el haitiano, Jovenel Moïse, puede ser un gran impulso en fijar buenas relaciones entre los dos países. En el pasado, estas reuniones solo han servido para una declaración conjunta y luego todo se olvida.

Parece que ahora la intención es diferente. Abinader tiene que saber que en la crisis actual producida en la República Dominicana por el covid-19 no se está en condiciones de echarse al hombro las necesidades de Haití.

Por demás las largas filas de inmigrantes ilegales que todos los días quieren entrar al país presenta un grave problema social que tiene que ser abordada por las dos autoridades. La declaración conjunta luce esperanzadora, y queda esperar ahora que se cumpla lo puesto en el papel.

Para hay que estar claro que nada se podrá lograr si no hay respeto a la soberanía y la territorialidad. Y el dardo va directamente para Haití. Los dominicanos no penetran ilegalmente a Haití ni ponen en peligro su soberanía y su territorialidad.

Sin caer en el fanatismo de los nacionalistas desenfrenados, sin que el gobierno dominicano exija respeto a la soberanía, a la territorialidad y al control de los inmigrantes ilegales, todo intento de pacto va a ser inútil y no se va a cumplir.

Hay que desmantelar el entramado mafioso, de trasiego de ilegales entre los dos países, y para ello Moïse con la poca autoridad que tiene debe comprometerse a controlar su lado de frontera. Hay una crisis política y social en Haití y en medio de esa anarquía permanente los gobiernos son débiles y apenas pueden subsistir.

Una cosa que debe estar clara es que los dominicanos podemos ser solidarios, pero no podemos cargar con la construcción de hospitales y escuelas en territorio haitiano. En medio de una emergencia nacional y tomando préstamos granel es imposible alargar los recursos para auxiliar a Haití.

Los problemas haitianos tienen que ser resueltos por la comunidad internacional. Las grandes potencias, con su explotación desmedida, han llevado a Haití a esta situación en que mal vive. No puede El gobierno dominicano invertir en construir hospitales y campamentos en territorio haitiano.

La actividad comercial con Haití es ampliamente productiva. Hay prósperos negocios dominicanos que se han tambaleando, cuando se cierra momentáneamente el mercado haitiano. Cuando se visita Puerto Príncipe, o cualquier ciudad de importancia, se verifica que la mayoría de los productos a la venta son dominicanos.

Tenemos que ser solidarios con el pueblo haitiano, pero no echarnos su miseria sobre nuestros hombros. No se puede permitir que los ilegales sigan llegando a territorio dominicano. Los hospitales no pueden estar llenos de parturientas haitianas, y la frontera debe realmente contener la inmigración ilegal. ¡Ay! se me acabó la tinta.

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