Muertes de Mujeres

Manuel Hernández Villeta
Funcionarios en acción

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Hay que implementar todos los recursos a mano para acabar con la violencia intrafamiliar. Se debe dejar a un lado la búsqueda de cámaras y de supuestas ideas geniales. Lo que hay que detener es que más mujeres mueran a manos de sus compañeros y excompañeros.

Hay que ir a las entrañas de la sociedad dominicana, de donde nace esa violencia. Cada cual es culpable de sus hechos, pero la sociedad tiene una gran responsabilidad. Hay una parte sensible que está deshumanizada y solo le interesa el yo, y se le importa el bien colectivo.

Entre las necesidades diarias, los abandonos, las heridas sociales, el cuerpo vivo de la nación se ha ido acorralando, y acomodándose a su suerte. Los feminicidios tenían que ser enfrentados hace muchos años, y se puso la cara hacia otro lado.

Hoy, a diario se produce la muerte de una mujer a mano de su compañero o ex-compañero, y todos se horrorizan. Nadie se pregunta qué ha pasado en el núcleo básico de la sociedad, que es la familia. La respuesta está en que hoy el segmento familiar es visto por muchos como un desecho y una pieza de la antigüedad.

Sin un rasgo familiar individual y colectivo fuerte, es difícil acabar con los feminicidios. Es una muestra visible del rompimiento de la familia, del surgimiento de las madres solteras, las embarazadas adolescentes, y un machismo multiplicado por las redes sociales, que se torna ofensivo y criminal.

No es endureciendo penas que se pondrá fin a los feminicidios. Las estadísticas indican que en la mayoría de los casos el hombre mata a la mujer y después se suicida. El camino es la prevención y la educación. La querella puesta a tiempo, la no negociación con el violento, las salas de acogida y la ayuda de sicólogos.

Hay que estudiar la mayor independencia de la mujer, al entrar de lleno a los medios de producción, y la mentalidad que se queda atrasada del hombre, que no le permite asimilar que en una familia hay dos, y no un jefe absoluto. Hay que enseñar desde la pre-adolescencia que el matrimonio o la unión libre no son para siempre, y hay que aceptar la separación.

Si en las escuelas hay hechos de violencia, los estudiantes tienen pleitos que terminan con muertes, muchos van armados a las aulas e irrespetan a sus compañeros y profesores, ahí tenemos uno de los síntomas que conspiran para que no se detengan los feminicidios.

Si la pareja no se soporta o tiene inconvenientes, la separación es la opción, y eso lo deben saber los dos. La mujer tiene que conocer que la agresión no es una muestra de cariño, sino una violación de sus derechos. Al primer acto de violencia física o verbal, hay que buscar ayuda, en pareja o solitaria.

Hay que comenzar a educar a los niños en el respeto a la vida, desde las escuelas de primera infancia, a los dos o tres años. Allí tiene que comenzar todo. Desde el hogar hasta la escuela y ver a largo plazo los cambios que se produzcan en la sociedad. Si no se hace así, día a día seguirá creciendo el número de mujeres maltratadas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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