Octubre: 31 días que sacudieron América Latina

Por: Redacción

Por Elvi Paredes

y 3

El caso boliviano

Como cualquier nación latinoamericana, Bolivia, padeció el enfrentamiento entre los sectores conservadores y liberales.

Ese enfrentamiento, nunca basado en la defensa de los mejores intereses del pueblo boliviano, llevo ese país, a recorrer los caminos de la inestabilidad política, lo cual generó golpes de estado, en el que varios gobiernos militares asumieron el poder.

Con una población que ronda los diez millones de habitantes, distribuidos en un territorio que sobrepasa el millón de kilómetros cuadrados, y con una multiplicidad de razas e idiomas originarios, Bolivia, supo sobreponerse a sus avatares, y el 22 de enero 2006 eligió al dirigente sindical y activista social, Juan Evo Morales Ayma, como su sexagésimo quinto presidente, hasta el 10 de noviembre del 2019, cuando presentó su renuncia, en medio de intensas protestas, provocadas por un alegado fraude electoral, denunciado por la oposición, y apoyado por la Organización de Estados Americanos (OEA), encabezada por el tristemente célebre personaje, Luis Almagro, Secretario General de dicho organismo.

Morales, había llegado al gobierno, con el 54 por ciento del voto popular, convirtiéndose, en el primer presidente de origen indígena de Bolivia, siendo reelecto en el 2009, con el 64.22 por ciento de apoyo, y en el 2014 fue reelecto con el 63.36 por ciento, motivo por el cual, en el 2008, la revista TIME, lo nombró como una de las 100 personalidades más poderosas del mundo.

Fue durante su gestión que Bolivia pudo mantener un crecimiento económico promedio del 5 por ciento anual, lo que contribuyó a la disminución de la pobreza, del 36.7 por ciento al 16.8 por ciento, al 2015.

O sea, los gobiernos encabezados por Evo Morales, redistribuyeron la riqueza, redujeron al mínimo el analfabetismo, las enfermedades endémicas, y mejoraron la distribución del ingreso.

¿Qué paso entonces?

Para las nuevas generaciones de latinoamericanos, parece contraproducente, que un gobierno que se maneje de esta forma, sea despojado del poder, bajo el alegato de fraude.

Sin embargo, si se revisa la historia de los pueblos latinoamericanos, nos daremos cuenta que, precisamente por eso es que se han derrocado gobiernos.

Gobiernos que no se han alineado ni plegado a los dictámenes de la gran nación del norte. Gobiernos que se han decidido a trabajar por su pueblo, en primer lugar.

Gobiernos, que han favorecido la integración latinoamericana, y que han abrazado la solidaridad entre sus pueblos.

Pero, en Bolivia, existe un sector minoritario, que no perdona el hecho, que un descendiente de indígena fuera presidente de la República, y mucho menos, que la riqueza, que siempre se mantuvo en las manos de esa minoría, pudiera ser redistribuida entre las masas hambrientas y sedientas de justicia social.

Y fue esa minoría, que sabiéndose derrotada por un candidato que obtuvo más del 60 por ciento de los votos, no la reconoció, y alego fraude.

Es por eso, que el Movimiento al Socialismo (MAS), la misma organización política que ganó las elecciones con Evo Morales como candidato, en octubre del 2019, ganó de nuevo con el 55,10 por ciento, en los comicios de octubre pasado.

elviomarparedescruz@gmail.com

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