Otra reforma constitucional

Manuel Hernández Villeta
La mayoría vocinglera

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

No hay las mínimas condiciones para realizar una reforma Constitucional en los próximos meses. No importa la justificación que se esgrima, la Carta Magna debe permanecer sin alteraciones en este periodo institucional.

Después de las elecciones del 2020 y que asuman las nuevas autoridades se podría buscar un consenso nacional, para determinar si es pertinente el cambio de la Constitución. Desde luego, si el nuevo gobierno comienza con este tema, entonces metería el pie hasta la rodilla.

Cuando asuman los nuevos congresistas, y las pasiones se duerman, entonces se podría pensar en convocar para una reforma Constitucional. Plantear realizar esta acción ahora mismo constituye una locura y un despropósito.

Todos los dominicanos tienen derecho a participar en las elecciones, solo deben reunir los requisitos exigidos por la ley. De ahí en adelante, es el voto popular mayoritario el que da la victoria o propicia la derrota.

Una próxima revisión constitucional tendría como propósito central y talvez único, la rehabilitación electoral de Danilo Medina, permitiéndole volver a presentarse como candidato presidencial. Danilo tiene el derecho de en un futuro someterse al escrutinio popular, por lo que no se le debe cerrar el camino.

El tema de la reforma para la reelección era otro aspecto. En la presente coyuntura es imposible convocar la constituyente. Desde el punto institucional era difícil poder conseguir los votos. Había una oposición de diferentes sectores, y sobre todo parece que no era del agrado de los norteamericanos.

Modificar la Constitución no es una violación a la ley. Está bien detallado el mecanismo por medio del cual se puede hacer la reforma. Si se cumple con todos los trámites, entonces no hay nada que objetar. Pero por lo menos para los próximos dos años este tema no se debe tratar. No hay condiciones para meterse en reformas constitucionales, que deberán llegar en su momento.

El gobierno que se instaure en el 2020 tendrá problemas que resolver. Sus primeros cien días serán momentos difíciles. Llegará al Palacio Nacional en momentos de crisis institucional. Una sociedad dividida, da grupos sociales fragmentados.

Luego de unas elecciones generales se necesitan tiempo y espacio para curar las heridas. Los enfrentamientos provocan dolores que no se pueden solucionar con simples calmantes. Hay que llevar caras nuevas, implementar nuevos programas de desarrollo, establecer un estilo propio.

Tarde o temprano la Constitución tendrá que ser modificada. Esos cambios lo harán políticos llenos de pasiones. En la reestructuración se impondrá la ley del más fuerte, que no necesariamente serían las mejores opciones para el país. Desde ya hay que fortalecer músculos para lograr que cualquier reforma futura sea atendiendo las necesidades nacionales y respetando la institucionalidad. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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