Políticos sin rumbos

Manuel Hernández Villeta
Bob Menéndez

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Casi todos los políticos dominicanos padecen de las ilusiones de Ícaro y las diabluras de Jano. Son el síndrome de los que no tienen el valor para ponerse sobre los hombros la toga de la verdad, y por el contrario lo que levantan es la máscara maquillada para las redes sociales.

La actividad partidista nacional esta normada por la ineptitud, la falta de visión, el querer levantar liderazgos sin base, el hablar de soluciones, cuando se da la espalda a demandas comunitarias. Es la hora de la falsedad, multiplicada por las redes sociales.

Estamos en medio de la nada, mientras se multiplican los problemas económicos y comunitarios. Se está cerrando el camino de la esperanza, sin tener vías para amortiguar las desavenencias.

Para ser un buen político no se puede volar alto, cuando se es un pigmeo, como lo enseña el mito de Ícaro, pero tampoco, como Jano, ser un hombre de doble cara, diablo y santo, nacionalista y entreguista, defensor de los pobres y títere de los empresarios. El camino está lleno de esos saltimbanquis. Hay que dar con el puño en la mesa y dar un paso adelante, con la verdad y la integridad marcadas en la frente.

(En la mitología griega, Dédalo advierte a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. En la mitología Romana. Jano era representado como un dios que tenía dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil. Jano era el dios de las puertas, el dios de los comienzos y los finales.)

La política dominicana ha llegado al fin de las ideologías, solo existe el estar presente a la hora de repartir el botín. Hoy más que nunca es necesario ahondar la lucha por mejores condiciones de vida para la mayoría. Ser un verdadero dirigente político es llevar la vanguardia en la búsqueda de soluciones sociales, no estar pensando en los bienes materiales.

Hay que atezar las cuerdas con políticos de nueva conciencia. Sin apegos al pasado y que actúen de frente ante las necesidades del país. Hay que rescatar las luchas ideológicas, que nunca murieron, sino que sus directores de orquesta mal usaron la batuta de dirección. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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