Un gran salto hacia adelante

Bono Estudia Conmigo: mucho para unos e insuficiente para otros

Por Francisco Luciano

La Universidad Autónoma de Santo Domingo, ha iniciado el presente semestre académico asumiendo el reto de cambiar el paradigma de docencia presencial por el de docencia virtual.

Lo cierto es que esta es una decisión impuesta por el coronavirus que obliga a evitar el contacto físico y que tiene como norma sanitaria de aplicación, la no aglomeración de grupos de personas. Esa es una realidad que ha traído la pandemia.

Bajo estas circunstancias especiales, la Universidad tenía uno de dos caminos:
1. Esperar que la pandemia cediera a niveles que permitieran el regreso a las aulas a expensa de perder el semestre.

2. Atreverse a reconvertirse y dar el paso a la implementación de la docencia virtual, asumiendo los riesgos que todo cambio implica.

Siempre será mejor el camino conocido por más largo y tortuoso que sea, y siempre generará incertidumbre explorar lo desconocido. Nunca faltaran los escépticos, pero tampoco los entusiastas. Los escépticos analizan el riesgo con la conclusión preconcebida del fracaso asegurado y los entusiastas apostarán al seguro éxito.

Aunque una semana es poco tiempo para evaluar esta modalidad y sobre todo si involucra a cientos de miles de personas que responden a situaciones y estímulos diferentes, ya hay sectores que al primer día decretaron el fracaso de la virtualidad, pero también tenemos a quienes han declarado el éxito total. No ha ocurrido ni una cosa ni la otra, simplemente se han obtenido experiencias diferentes.

Quienes han estado familiarizados con el uso de la tecnología en la enseñanza, y en el curso de su vida docente la han asumido, es seguro que no han encontrado mayores inconvenientes en aplicarla. En cambio, los que se mantuvieron al simple uso del correo electrónico o de las redes sociales, es posible que sienten tener ante sí una barrera o una zanja ancha y profunda.

De lo que se trata es, que cada uno de nosotros ponga su grano de arena para asumir la virtualidad, así como también las herramientas que proporciona la plataforma UASD-Virtual para dar el gran salto hacia adelante, sino porque la educación virtual sea mejor que la presencial, sino porque es lo posible, en medio de una pandemia que no sabemos cuándo nos liberara de sus mortales contagios.

Docentes y discentes estamos obligados a poner, ojos y ganas al cristo de la virtualidad, con el fin de garantizar el sagrado derecho a la educación, aprovechando el tiempo, porque el covid-19 no detiene el calendario.

En nuestra experiencia particular la herramienta que nos presenta UASD Virtual resulta amigable, muy amigable me atrevería a afirmar, lo que indica que el personal gerencial de nuestra academia puso dedicación y empeño para sacar el mejor producto posible en un tiempo récord y bajo presión. El uso de esta y las lecciones aprendidas de alumnos y profesores ayudaran a mejorarla sustancialmente a futuro.

En todos los procesos de cambio, al inicio siempre hay resistencia, sin embargo, estoy convencido de que luego de probado la experiencia, terminamos por asumirla y hasta exigiendo el desarrollo de nuevos proyectos de innovación.

Mi profesor Hans en su clase de cálculo de riesgos solía decir: “La vida es un riesgo y nadie sale con vida de ella, por lo tanto, a lo único que no podemos negarnos, es a correr el riesgo de vivirla”. Bienvenido sea el salto a la virtualidad con sus ventaja y desventajas.

El autor es docente de la Facultad de Ciencias de la Educación.

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