Venezuela: ¿Sangre o paz?

Manuel Hernández Villeta
Pactos

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Hace un par de semanas señalamos que los tambores de la guerra civil estaban a punto de estallar en Venezuela. Ahora mismo la crisis política apunta a una guerra civil y una intervención militar norteamericana. Hay en pie un golpe de Estado institucional que rompe todos los parámetros que amparan la soberanía de los pueblos.

La injerencia directa de los Estados Unidos impulsando la crisis de Venezuela, deja a ese país sin salida, con un enfrentamiento intestino para el que no hay a mano solución pacífica. La marcha de los acontecimientos indica que a los chavistas solo les queda el camino de defender su revolución socialista del siglo 21, o dar paso a un gobierno provisional.

Ya los chavistas tienen una pérdida política. Permitir el surgimiento en Caracas de un gobierno provisional amparando por los Estados Unidos y con la sombrilla de por lo menos 15 países de América Latina, indica pérdida de popularidad y debilidades que en política se pagan caro.

Es intolerable y tiene que ser rechazada la injerencia política y militar que proviene de los Estados Unidos. Son los venezolanos los que tienen que encontrar soluciones a sus enfrentamientos. Por la vía pacífica, o por los métodos violentos, Venezuela para los Venezolanos. Que se imponga el respeto a la institucionalidad, a la Constitución, a las leyes.

Es preferible la negociación y el entendimiento pacifico, a una sangrienta guerra civil. Abogamos por la vía de la paz, pero las pasiones harán difícil que los bandos se sientan en la mesa de la conferencia. Los chavistas constituyen el gobierno legítimo, pero ha llegado el momento de negociar o tomar las armas. Es preferido el diálogo.

Los dominicanos hemos sufrido dos intervenciones militares norteamericanas, padecimos los rigores de un golpe de Estado y de una guerra civil, sabemos lo que es la represión política, la exclusión social, la falta de oportunidades para que florezca la libertad y la justicia. Se va camino del derramamiento de sangre, pero debe imponerse el dialogo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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