Guerrillero en retaguardia

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Manuel Hernandez VilletaEl ideal pudo más que el plomo y la barbarie. Los expedicionarios que llegaron al país un 14 de junio de 1959 fueron exterminados físicamente. A  las pocas horas del desembarco, no era un enemigo tangible con posibilidades de triunfo.

Pero en la lucha política las ideas norman las conductas, están por encima del fusil. Físicamente se puede terminar en el pelotón de fusilamiento, pero nunca el pensamiento puede ser convertido en polvo. Por el contrario, del martirologio se  difunde la idea donde se expresan los anhelos de libertad e independencia.

José Martí cayó en Dos Ríos con una revolución que apenas si comenzaba, pero ahí se fortaleció su ideal. Martí fue la inspiración de la lucha revolucionaria, el credo, el verbo, la idea para la acción. Máximo Gómez empuñó el machete y la tea, pero en su cabeza tenían que estar los versos de Martí sobre una tierra totalmente libre e independiente de las grandes potencias.

La llegada de los hombres de la expedición armada dio fuerzas a un movimiento de la juventud de apoyó a la resistencia contra Trujillo. Inclusive, creó la división del régimen con los grupos oligarcas tradicionales, que por cobardía medraron a su sombra durante 31 años, esperando que otros lo tumbaran.

Con la caída en combate nació la Raza Inmortal, el símbolo de la lucha por la libertad, la democracia y la emancipación. Por desgracia eso no pasó del papel. Nadie ha reivindicado para convertir en realidad las justas aspiraciones de los hombres que llegaron el 14 de junio. Ninguno de los gobiernos que el país ha tenido después de la muerte de Trujillo ha puesto una línea en su programa de lo estipulado por el Movimiento de Liberación Dominicana.

Las izquierdas, que son los herederos fundamentales de lo que históricamente se le llama el 14 de Junio, navegaron en mar tempestuoso siguiendo patrones de la lucha del comunismo internacional, sin tener un claro propósito nacional de liberación. Sus pleitos intestinos los llevaron a divisiones profundas y a choques armados que son memorables.-

La izquierda no apoyó al profesor Juan Bosch en las elecciones que ganó  después de la muerte de Trujillo, pero se fueron a la montaña para que se diera el retorno a la Constitución del 63. Pasos inciertos que nunca fueron rectificados con la autocrítica. Se opuso al borrón y cuenta nueva, pero respaldó a los militares de esencia trujillista que participaron en la revolución.

El espejismo de las montañas obnubiló realidades. Meses después el pueblo se va a las armas y enfrenta una segunda intervención norteamericana. La izquierda llega con aires de triunfo, pero entre combates contra el interventor se divide en mil pedazos, y su  atomización solo sirve para su descuartizamiento final.

Cuando cae uno de sus últimos soldados, sólo queda rendir un reconocimiento eterno a los hombres que llegaron un Catorce de Junio. Sus ideales son permanentes, pero su conquista del poder quedó petrificada en el tiempo, intangible para las nuevas generaciones e imposible de cumplir en un mundo donde el capitalismo tiene metamorfosis y la izquierda desaparece. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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