Vacas sagradas

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

manuel hernandez villeta articuloLa dominicana es una sociedad de vacas sagradas. Siempre el poder de casta, de dinero, de prepotencia ha primado sobre la razón. Tener dinero o buena posición económica y circunstancialmente partidista, es sinónimo de ser intocable.

El principal logro de la sociedad dominicana sería que desaparezcan los intocables, lo que en nuestro lenguaje vernáculo llaman las vacas sagradas, a los que nadie le pone el dedo en el pecho para detenerlos en su marcha hacia los atropellos o hacia el dolo.

Ante los cuellos blancos descarriados toda la sociedad doblega la cabeza. Los que tienen la potestad de indignarse y lanzar sus voces a los cuatro vientos, nadie los escucha o los callan. Me pongo en el camino de llevar las vacas sagradas a un lugar donde se les desmitifique.

Pero para ello es necesario hacer cambios profundos en la sociedad dominicana. Es difícil y se puede decir que imposible que los privilegiados de siempre, levantando su posición sobre el dinero y la mal llamada sangre azul, sean sancionados por los delitos cometidos.

La mayoría de los presos dominicanos son carne de cañón, gente de barrios, recién llegados a ricos y uno que otro que muerde barrotes brevemente, fue que se dislocó en su camino y violó los códigos no escritos de la capa mandante.

Pero hay que seguir teniendo esperanzas en la esperanza.  Es ser un idealista, donde lo material lo opaca todo, y establece unas reglas de juego que no son felices, sino líneas para una larga pesadilla.

El derrotero de la actual sociedad dominicana no acepta remiendos, hay que hacer cambios profundos y por consiguiente las debidas amputaciones.  Al paciente con cáncer extremo, para salvarlo hay que cortar. Así son las sociedades enfermas, hay que cercenar todo los sucio y pestilente, para que emerja la piel nueva.

Si no se sientan las bases estructurales de una sociedad moderna, siempre habrá esas vacas sagradas, esos privilegiados  de ocasión, esos que mueven la sociedad a su antojo y su conveniencia. No se puede ver el hecho de forma aislada, no se puede ver como alternativas de una denuncia de dolo administrativo. La sociedad en su germen más puro dejó de crecer y colapso, hoy los dominicanos necesitan una nueva sociedad, nuevas ideas, nuevas fuerzas comunitarias y sobre todo mejor visión para llegar a la meta de las esperanzas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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