Las huelgas de maestros

Manuel Hernández Villeta
La Marcha Verde

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Los maestros lucen como un grupo de anarquistas a los que únicamente les interesa una conquista salarial. Dista mucho de un gremio que debe tener una alta dosis de responsabilidad social, que sus principales ejecutorías sean paros para obtener un mejor sueldo y posiciones burocráticas.

Se está perdiendo la mística del maestro. Hoy, el maestro y la maestra van a las aulas pensando en el salario, y no en la obligación social que tienen en sus manos. Es necesario que el maestro comprenda que es el forjador de las nuevas generaciones.

Cierto que el maestro hace un trabajo que debe ser bien pago. Tiene que contar con facilidades para llevar una vida aceptable. Tiene que tener el respaldo profesional para lograr su actualización. Nadie le puede disputar que los maestros necesitan esas conquistas y reivindicaciones.

Pero cuando se hace un paro que afecta la docencia que se imparte a muchachos de barrios marginados y de la clase media baja, se le da una puñalada al futuro del país. Se saca as los que asisten a las escuelas públicas de las posibilidades de que mañana tengan un buen puesto de trabajo y salgan de la marginalidad.

La educación es elitista en el país, a las aulas públicas asisten los que no pueden pagar un colegio, por más humildes que sean. Es también el caso de los pacientes que van a los hospitales públicos; si pudieran pagar una clínica, aunque sea de mala muerte, no irían al sector oficial sanitario.

Todo el pueblo tiene que rechazar los paros de los maestros. Son un abuso, porque no le están suspendiendo la docencia al ministro de Educación o a los hijos de los funcionarios, sino a los chicos del pueblo. Es una posición malsana porque los dirigentes gremiales saben que se usa a los estudiantes para presionar al gobierno.

Si los maestros tuvieron sensibilidad social, y no fueran simples mercaderes, como se están presentando ahora, evitarían los paros y agotarían otras formas de lucha, que podrían ser tan efectivas como esas.

Estamos poniendo una muralla en las aspiraciones de superación de la mayor parte de la población dominicana. Las élites tienen sus hijos en buenos colegios y universidades especiales. Allí no hay huelgas ni se suspende la docencia.

Además, el maestro tiene que ser sometido a pruebas de evaluación. Hay muchos que no están al día y no saben cómo impartir docencia. No es que se le cancele, sino que se les prepare mejor. Las huelgas cierran el camino de que el año escolar discurra en buen término.

Al final, todos estos días de paro se perderán del calendario escolar, que no podrá ser alargado, porque los maestros tomaran sus vacaciones de fin de curso. Mi único llamado a los maestros, es que no pierdan la sensibilidad social, y comprendan que con sus paros sólo le están haciendo daño a la capa social a la cual ellos pertenecen. Es tiempo de rectificar, en esta línea de anarquía e intolerancia. ¡Ay!, se me acabó la tinta

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