La señora embajadora

Manuel Hernández Villeta
Las Altas Cortes y reelección

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Los embajadores norteamericanos siempre han pecado de ser pro-cónsules. Irrespetuosos del derecho de un país libre y soberano, y cuando hablan gritan edictos, para que se cumplan sin rechistar.

Los enviados norteamericanos rastrojan el poder imperial y aplican recetas que  por lo bajo rechazan los dominicanos, y sólo un puñado hace los señalamientos contrarios públicos. La nueva embajadora da connotaciones de que será difícil el trato con ella.

El caso haitiano será el más caliente  de tratar. Claro está que los norteamericanos tienen bien escrita la cartilla de que se debe levantar la frontera entre Haití y República Dominicana. Una fundición cultural, un libre intercambio económico y los mismos intereses imponiéndose.

Pero la República Dominicana es un país libre y soberano, y reclama su derecho a no permitir ilegales en nuestra tierra. Ya en nuestros códigos y la Constitución está bien claro que los hijos de haitianos ilegales, son ilegales.

No es discriminación por el color de la piel, o por los hechos que tuvieron lugar en la Independencia del 1844, es la realidad. Los ilegales no pueden obtener la ciudadanía dominicana. Las Naciones Unidas, y recuerdo a Álvaro Vargas Llosa, representante del Alto Comisionado para los Refugiados, y sus repetidas ofensas al país.

Los haitianos deben quedarse en su país, y venir si tienen firmado contrato de trabajo y papeles legales. No puede entrar a nuestros hospitales y reclamar servicios que deben estar  primero  al alcance de los dominicanos. Por solidaridad, miles de  haitianas paren en el país, y unas se van y otras se quedan.

Pero ellos no tienen derechos aquí. No tienen papeles ni razón jurídica para que vivan en nuestra parte de la isla. Haití para los haitianos, del otro lado pueden hacer lo que les venga en gana, aquí no los queremos ilegales, ni que traten de legalizar irregularmente la nacionalidad de sus hijos.

Las relaciones entre haitianos y dominicanos deben estar en el marco del respeto, sin que ninguno de los dos viole la soberanía y el territorio del otro. La embajadora no cree en eso, para ella la frontera es un adorno, y se persigue a los ilegales.

Cierto que para un gobierno es difícil oponerse a esas disposiciones imperiales. Le vendrían encima las presiones económicas, la cancelación de préstamos, el cobro apresurado de los intereses, pocas posibilidades de desarrollo económico e industrial y el quedar parcialmente aislado en el trato con las potencias.

Pero la nueva embajadora debe saber que el derecho a la soberanía y al territorio, está por encima de cualquier pequeñez. Los dominicanos ganamos en lucha nuestra libertad y reivindicamos la Constitución en otro escenario de enfrentamientos.

La hospitalidad y la solidaridad dominicana no están a pruebas. No olvidamos  de ayudar a  los haitianos en sus momentos más difíciles. Sin esperar agradecimientos ni reciprocidad. Pero una cosa es tender la mano cuando llega la desgracia, y otra dejar que se pisotee nuestra soberanía.

Ojala y la embajadora antes de venir se lea la historia dominicana del siglo 20, y vea como titanes hemos defendido nuestra república y nuestra libertad. Nadie nos ha regalado nada, ni nunca nos hemos arrodillado. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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