Partidos sin futuro

Manuel Hernández Villeta
Sociedad castrada

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Los partidos políticos dominicanos tienen las piernas de gelatina y el corazón en los bolsillos. Ahora mismo no hay una agrupación fuerte, poderosa y unida. Los llamados partidos mayoritarios están a un pasito de la división, y sin un mensaje claro sobre los problemas sociales, se van a los ataques personales.

Esa fragilidad y ausencias de los partidos políticos, indica que los dominicanos caminan sin brújula. Ninguna sociedad puede avanzar sin líderes, sin orientadores. En el aspecto político hace tiempo que estamos sin cabeza, sin Norte, en medio del camino sin saber para dónde ir.

La Constitución de la República que en ocasiones era el alma de la vida institucional, ha devenido en ser un simple libro, cuyas páginas nadie respeta, aunque por conveniencia se le cita constantemente.

Los partidos políticos son necesarios en una sociedad moderna. Lo que no está bien y el pueblo rechaza es que esos partidos se conviertan en salones donde florezca el oportunismo, la búsqueda de prebendas, la corrupción y que se dé aires modernos a la consigna de dejar hacer, dejar pasar.

Los desgarramientos de todos los partidos políticos dominicanos se deben a que no hay verdadera fuerza unitaria, ni tampoco un líder por encima de los dirigentes. Un partido sin un timonel siempre estará condenado al fracaso.

Pero para los integrantes de los partidos hay una realidad, y es que la mayor parte de los dominicanos pertenece a la llamada mayoría silente, y a los idiotas que no se meten en actividades partidistas. ¿Por qué son idiotas? Por qué no tienen valor para decir lo que piensan y sienten. Callan por temor, y por creen que el sonido de su voz, puede ser la guillotina puesta en sus cabezas. Esos sin voz, saben que hay un día, donde ellos mandan, aunque el dinero envilece las conciencias y compra las voluntades.

El día de las elecciones es la hora de la fuerza de la mayoría silente, creen que tienen el poder de decisión, pero se olvidan que la pasividad de siempre no puede alterar la correlación de fuerzas en un día. Votan sin conciencia, sin alternativas, sin favoritos, creen el cambio vendrá en las urnas, y allí le roban sus sueños y sus esperanzas.

Los partidos políticos necesitan hacer una revalorización de sus acciones. Tienen que caminar firmes en una era de máxima comunicación. Ya no estamos en la etapa del radio de pila. En instantes se conoce lo que pasa en el mundo, y cada quien puede dar su opinión, aún sea desde el anonimato de un celular.

La sangre nueva que necesita la política dominicana no es de edad, sino de ideas. Los jóvenes que van surgiendo en el partidismo lucen comprometidos con lo viejo y lo obsoleto. Ninguno plantea un radical cambio, por lo que se sumerge en un pasado que nunca vivió.

Si los partidos no se modernizan y actualizan, les llegara el tiempo de obsolescencia, cuando serán sucedidos por sectores nuevos, que llevaran al país por otros derroteros, que de acuerdo con las coyunturas de ese momento podrían ser buenos o malos. El futuro se tiene que comenzar a escribir hoy, pero si seguimos la cartilla de los partidos, nunca se dará un paso más allá de su viejo pasado de gloria efímera. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Compartir:
  • 2
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •