Rogelio: ¿A dónde vas?

Manuel Hernández Villeta
Las Altas Cortes y reelección

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

La iglesia fracasa cuando expulsa al padre Rogelio. No sabe lidiar con disidencias, con amarguras, con estrépitos sociales, con iracundia. Un luchador social con sotana al hombro. Hombre de indisciplina, en medio de una organización a la que debe devoción. Rogelio podía ser buen cura, pero no cabe en la iglesia.

Para expandir las ideas hay que tener una verdadera organización detrás. Rogelio puede ser el profeta, el pastor, el cura sin sotana, pero no será lo mismo. Su voz será cada día más limitada. No moverá grandes masas, no conseguirá titulares de periódicos. Los hombres son destellos de un momento, y luego la oscuridad.

Hoy tiene que vivir de acuerdo con sus creencias, pero no cabe en la Iglesia. No cabe en un partido político. Debe comenzar a transitar su propia senda, donde lo lleve la vida. El país necesita una voz de conciencia, un cura de los pobres. Él lo puede lograr, pero necesita disciplinarse. No fracasó él, es que la iglesia no tiene respuestas para su activismo.

En el mes de marzo comprendí que Rogelio estaba ya fuera de la iglesia, y era cuestión de tiempo su formal expulsión. Le pedí meditara sus pasos. Un paso adelante y dos pasos hacia atrás. Sin conciliar, y sin tirar la toalla, saber moverse en bañera enjabonada. Su expulsión es el fracaso de la iglesia. Es su respuesta al libre pensamiento. Por considerarlo de interés reproduzco algunos de los párrafos del trabajo del mes de marzo.

El padre Rogelio Cruz llegó al momento donde no hay vuelta atrás. El tema es interesante porque Rogelio ha sido uno de los curas más contestatarios de los últimos años y un gran luchador por los pobres. Creo que su principal problema es que se torna indisciplinado, con un gran ego y ser irrespetuoso con las autoridades y en especial con sus superiores.

Rogelio es la conciencia de los pobres, el abanderado de luchas populares, el hombre desinteresado que todo lo busca para el prójimo sin pensar en él, pero sin visión para comprender que las instituciones tienen sus reglas y órdenes y hay que cumplirlas o abandonarlas.

Rogelio tiene que dar un paso atrás, comprender que está en un momento de reflujo donde no tiene fuerzas para imponerse a sus directores. Dar una batalla total ahora, es irse al despeñadero y salir de la iglesia. Ese sería el principio del fin de su lucha. Fuera de la iglesia Rogelio no pasaría de ser un agitador de barrio, como tantos otros, con una voz que se apagaría lentamente.

Por sus indisciplinas no cabe en un partido político, y para arrancar un proyecto social tendría que comenzar de cero, teniendo al lado a izquierdistas jubilados, vocingleros de barricada sin masas y grupos irredentos que necesitan orientación, educación y prepararlos para mayores luchas, y no ser puntas de lanza de un sacrificio inútil.

El hombre es él y sus circunstancias, y el camino histórico de Rogelio es ser cura; se vislumbran cambios en la iglesia y él allí puede jugar un papel estelar. La prisa y la soberbia es mala consejera. Es el momento de bajar la espada, pero sin envainarla. Si Rogelio se va, se calló el cantor.

El camino de Rogelio es la Iglesia. Fuera de ella será titular de un par de semanas y luego el olvido. Su pleito tiene que ser dentro, sabiendo que se ganan batallas, se empatan y en otras se tiene que dar un paso atrás. El momento es de reflujo, bajar la guardia, seguir la lucha y prepararse para tiempos mejores. Fuera de la iglesia, Rogelio no pasará de ser un simple agitador de barrio. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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