Enfrentar la delincuencia

Manuel Hernández Villeta
Sociedad castrada

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Enfrentar la delincuencia, necesita tener un plan a largo plazo. No puede ser eliminada esa violencia que entorpece a la sociedad dominicana de un día para otro.

Las acciones de control en el acto pueden dar resultados, pero no van a poner fin al problema.

Las acciones de persecución policial son necesarias, el detener y enfrentar a los señalados de haber cometido actos delincuenciales, es una prioridad. Pero ello no va solucionar el problema en un abrir y cerrar de ojos.

La justicia debe estar blindada para que cuando conozca un caso de delincuencia y de violencia aplique todo el peso del código y no deje salir a un culpable. En el día a día la justicia debe dar el buen ejemplo no doblando las rodillas por temor o por una buena bolsa.

Tiene que haber en la lucha contra la delincuencia una policía y una justicia dura. Pero estos dos estamentos regularmente entran en acción cuando se ha cometido el delito, tienen muy poco poder de persuasión y de prevención.

Las cámaras y los implementos tecnológicos sirven para detener a los culpables, luego de que se ha cometido el delito. Es un paso de avance que en casi toda la ciudad y los principales establecimientos existan cámaras y sofisticados aparatos de identificación electrónica.

Pero todos estos factores entran en acción cuando se ha derramado la sangre. A corto plazo permiten detener a los implicados, pero al doblar de la esquina, al siguiente minuto, está en ejecución otro acto violador de las leyes, y sobre todo un robo, un atraco, un acto de sicariato o un feminicidio.

Se necesitan por lo menos cinco años para ejecutar un programa de prevención para reducir los índices de violencia. Hay que trabajar con los adolescentes, con las madres solteras, con los muchachos que abandonan las escuelas, con los pandilleros que puedan ser redimidos.

Hay que sacar a la juventud de los focos de contaminación social. Hay que recrear los clubes culturales, deportivos, ampliar los círculos religiosos y comunitarios. Hay que fortalecer la familia, que se encuentra destruida. Hay que abrir nuevas fuentes de trabajo, dar crédito a los chiriperos y rescatar a las mujeres de la prostitución.

Es más difícil llevar a cabo un programa de rescate social, que detener a un delincuente y condenarlo a 30 años. De lo que se trata es de evitar que se llegue a cometer el delito. Si para atajar la violencia, solo vamos a detener a los delincuentes y condenarlos y no prevenir, nadie nos hará sobrepasar este círculo vicioso.

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