La experiencia haitiana

Rafael Peralta Romero
Porfirio Rubirosa

Por Rafael Peralta Romero/Voces y ecos

El sociólogo e historiador Alfredo Rafael Hernández nos ha enviado un juicioso análisis de la reciente crisis social haitiana. Por falta de espacio incluiremos en esta columna menos que la mitad del documento remitido por el intelectual vegano, titulado “La experiencia haitiana”. Hela aquí:

Da pena y vergüenza escuchar periodistas y comunicadores dominicanos decir que el pueblo haitiano tiene más dignidad que el pueblo dominicano, porque resistió el aumento a la gasolina y aquí nos la aumentan y no hacemos nada; lo cual constituye un delito, porque están incitando a la población dominicana a que también destruyan su país. Pero sucede que nosotros no somos Haití, ni haitianos, sino que somos República Dominicana y dominicanos. Si los haitianos no tienen otra noción de futuro que no sea destruyendo todo lo existente, los dominicanos trabajamos para construir una patria grande, con cualesquiera que sean las dificultades que enfrentemos.

Los azares de la vida nos han enseñado a confiar en el diálogo y el consenso, y no en la confrontación salvaje que esos mensajeros de la violencia propalan para expresar su desacuerdo con el gobierno de turno. Están frotándose las manos creyendo que van a importar la violencia haitiana contra los deseos de paz y tranquilidad de la mayoría de los dominicanos. Pues se equivocaron, porque aquí seremos analfabetas e ignorantes, pero nunca salvajes. Lo último que este pueblo va a perder es la esperanza en un mundo mejor y un futuro promisorio para sus descendientes.

Cierto que tenemos que vencer unos enemigos fuertes, amparados en el robo, la corrupción y toda clase de privilegios, que conspiran contra el hambre y la miseria de este pueblo. Pero no se olviden que los dominicanos de estas generaciones tenemos los ejemplos de Manolo Tavárez, del pueblo en las calles para sacar los remanentes del trujillismo; que vivimos y resistimos el golpe de estado contra Bosch y su constitución liberal y democrática; que nos lanzamos a la guerra en abril de 1965 y demostramos el más grande coraje y la dignidad como pueblo quedó elevada a la máxima potencia cuando luchamos contra fuerzas norteamericanas muy superiores y que vivimos la poblada de abril de 1984.

Pero ningún politiquero corrupto de ahora nos va a arrastrar a su terreno. Todavía no ha nacido el político que merezca un baño de sangre en este país. El pueblo dominicano no es tan tonto para destruir lo que con tantos sacrificios ha construido. Eso pueden hacerlo los haitianos, porque todo se lo han hecho y regalado los países solidarios, no ellos. A ellos no les ha costado ningún sacrificio, a nosotros sí.

rafaelperaltar@gmail.com

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