Inseguridad y corrupción

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Manuel Hernández VilletaUna sola palabra, la violencia. Ese es el principal tema de la vida diaria dominicana, y de seguro ocupará el primer nivel cuando se trate de votar en las venideras elecciones.

De acuerdo con las últimas encuestas, el tema de la violencia en cualquiera de sus aristas, es la gran preocupación de los dominicanos. Es necesario que se busque controlar la ola de sangre y muerte que afecta a la sociedad dominicana.

Lo más importante es comprender que la sangre es una parte, la cara visible, del hecho fundamental que da pie a la violencia desmedida, a la inseguridad ciudadana. Todo parte de las injusticias sociales, la mala distribución de las riquezas y el sometimiento a niveles de vida degradantes a una parte considerable de la población.

El principio de la delincuencia no parte de una reforma policial, o de que se amplíen los controles de las armas de fuego, o de que se hagan llamados a la paz, o se abran nuevas cárceles. Todos son únicamente los síntomas de un miembro putrefacto y al que es necesario cortar de raíz.

Si hablan las encuestas, hay que escuchar esa voz. Para todos los dominicanos, sobre todo para las grandes mayorías, la delincuencia, los excesos de las autoridades, son sus principales preocupaciones y casi todos los ciudadanos estiman que nadie está a salvo y que podría ser la próxima víctima de una violencia ciega que ataca sin ton ni son.

Me sorprende que en las encuesta el tema de la corrupción sea visto sin tanta importancia por la mayoría de los dominicanos. Se han hecho grandes campañas mediáticas contra la corrupción, y más de una cabeza de partido consideró que levantando esa bandera tenía segura la llegada al Palacio Nacional.

Aunque la corrupción es negativa, y tiene que ser erradicada de la vida de los dominicanos, no es de los principales y prioritarios problemas que tiene el país. Culpa de esa indiferencia tal vez sea de los mismos que en cada plaza hicieron una burla a la justicia, levantando supuestos tribunales populares, donde el pueblo perdió confianza en la seriedad y justeza de esos pronunciamientos.

La lucha contra la corrupción no puede ser en base a tener un culpable favorito, aún sin que se le haya preparado un expediente para que vaya a un juicio oral, público y contradictorio. Por demás, hay que revisar porque no es uno de los principales problemas que atormentan a los dominicanos.

La seriedad en los pronunciamientos y la limpieza de corazón, de manos, de entendimientos y de buenas razones de los que levantan la lucha contra la corrupción, es obligatorio. Muchos que llevan lo corrupto debajo del saco, quisieron levantar las manos para plantear abajo la corrupción, pero retirándolas con rapidez por temor a que sus pecados internos llevarán a que la guillotina de la verdadera moral pública se las cortara. Los que levantan el grito de rechazo a la corrupción, en ocasiones temen que también les puedan cortar las manos.

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