¿La Iglesia dormía?

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

Es probable que nunca sepa el lector las razones que llevaron a un sacerdote de la Iglesia Católica, el padre Arsenio Ferreira Rosario, a decir que existen periodistas chantajistas o extorsionadores.

Ha sido sorprendente que en un momento de tanta solemnidad para la Iglesia, el religioso lo escogiera para arremeter contra esos especímenes, que de verdad existen. Eso no tiene que llevar a los verdaderos periodistas a rasgarse las vestiduras. De todo hay en la viña del Señor.

No podía el ejercicio del periodismo ser el único exento de estas alimañas dañinas.

Probablemente contemos unos cuantos más de los que debían ser. De todas maneras, los periodistas que se apegan al ejercicio ético, a la honestidad, son los más. Son los que dignifican el oficio de comunicador real. Son los que fortalecen la democracia y defienden las libertades. Son los que están dispuestos a regar con su sangre generosa la senda de la verdad. Que no quepa duda.

En momentos en que se dilucidan tantos temas, precisamente en los medios informativos, relacionados con corruptos y extorsionadores. Cuando son los periodistas, con sus señalamientos y sus voces, los que están comprometidos con el pueblo a divulgar el tsunami que barrió las arcas del Estado, extraña que el padre señale precisamente este mal que anida en algunos periodistas.

Pero… ¿dormía la Iglesia? Lo digo porque esa es una práctica muy vieja de algunos individuos que se llaman periodistas y de otros que laboran en medios y utilizan sus posiciones para medrar en detrimento de sus compañeros y de la sociedad, haciendo todo tipo de negocios execrables. No es nada nuevo. Es más, podrían conocedores de esas intríngulis, enriquecer los conocimientos del preocupado sacerdote, y decirle que existieron grupos organizados de “periodistas” que coordinaban acciones para difundir informaciones en torno a personalidades, entidades, organismos o instituciones, etc. pagados por individuos, grupos y asociados, basados en mentiras que tornaban en creíbles.

Creo que esa práctica debe tener tanta antigüedad como la profesión misma de comunicador. Y son precisamente elementos que no están ni untados de comunicadores, los más propensos a cometer actos reñidos con los principios éticos del periodismo.

Es desafortunado que en un momento tan solemne para la comunidad católica sea este el argumento elegido por el padre Ferreira Rosario. Lamentable, pero cierto. Lo malo es que se pueda creer que los periodistas chantajistas o extorsionadores son mayoría, cuando es un ínfimo porcentaje de quienes se dedican a escribir en los medios, los que se enriquecen y lanzan lodo sobre el sano ejercicio periodístico. Son políticos, comerciantes, avivatos, mañosos, con astucia y sagacidad y sin escrúpulos, infiltrados en el oficio de comunicar, los que osan cometer esas acciones.

El padre pudo hablar de banqueros, de policías, de funcionarios, políticos, diplomáticos, de otros profesionales, pero escogió hablar de algunos periodistas. Los demás, los apegados a los principios éticos del verdadero periodismo, que sigan adelante, que Dios y la Patria le premiarán con sus bendiciones, reconociendo su límpida trayectoria y su espíritu de entrega a la verdad.

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