La justicia vendada

Por: Redacción

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

La señora ley no tiene independencia real. El fortalecimiento de la justicia es necesario para adecuar la sociedad dominicana de hoy al siglo 21. Son atormentadores los síntomas de violencia, corrupción, acoso y desconocimiento de los derechos humanos de los ciudadanos, que se originan con prepotentes de turno y que se quedan sin sanción.

Cuando en un país se imparte justicia tardía, denegada o arbitraria, se está dando paso a la vendetta, donde cada ciudadano piensa que se puede levantar como perseguidor, juez y verdugo. De ahí, que la justicia debe dar pasos hacia su institucionalidad.

Si repasamos a lo largo de todo el siglo 20 y los primeros de este 21, veremos que la justicia ha sido una marioneta del sector oficial, y en otros casos zarandeada por el olor de los pesos. Todo se perdió, cuando los asimilados al entramado judicial se dejan seducir por facilidades, o le tiemblan las piernas por miedo.

Mucho se habla hoy del ministerio público y de la Procuraduría General independiente. Ello no es así. La procuradora es una empleada del Poder Ejecutivo. Se le nombra por un decreto. Lo mismo que cualquier ministro. Se le puede dar autonomía de palabras, pero tiene un hilo conductor hacia el Palacio Nacional.

El presidente Luis Abinader tiene que someter un proyecto de ley por medio del cual se le dé plena independencia a la Procuraduría General de la República, y se disponga que se escoja a través del Consejo Nacional de la Magistratura, como se hace con los jueces de la Suprema Corte de Justicia.

Por cierto, que cuando se habla de reforma de la Policía, lo primero que se debe poner sobre el tapete es la creación de la Policía Interna, integrada por fiscales adscriptos a la Procuraduría General. Una Policía interna de expertos en temas policiales, que no sean agentes y que procederán a investigar cualquier indelicadeza o violación de las normas que rigen a la institución.

Además, se les debe recordar a los fiscales actuales que pertenecen al ministerio público y que no son agentes de la Policía. En ocasiones no se sabe quién es policía y quien es fiscal, porque ninguno de los dos actúa con independencia en el desempeño de sus funciones.

El pueblo dominicano tiene fe en que haya una justicia poderosa, sin que sea narigoneada por el oficialismo, los empresarios, los narcotraficantes o el que tenga un puñado de dólares. La señora ley todavía no tiene independencia real. Al presidente Luis Abinader le corresponde dar el paso legal para quitarle los hilos de la dependencia. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Compartir:
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Relacionadas