La Policía. Utility del poder

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

La Policía Nacional ha sido un instrumento utilizado de manera circunstancial por el poder político y el económico.

Creada en el año 1936, bajo el auge y fortalecimiento de la tiranía trujillista, no podía estar exenta de la carga onerosa de la nefasta satrapía.

Los hombres alistados en el nuevo cuerpo, pasaron a servir a funcionarios y empresarios, a la vez que a vigilar las actividades de los ciudadanos, cualesquiera que estas fuesen.

Su primer papel era cuidar de que nadie pudiera servir a ningún grupo que adversara al régimen.

A partir de ese momento nadie podía actuar de manera que resultara “sospechoso”, a los ojos de los elementos enrolados en la “institución”.

A esos policías el pueblo los bautizó rápidamente como “calieses”, utilizados para callar como fuese cualquier voz disonante. Esto incluía el asesinato, la desaparición, apresamiento, golpeaduras, o cualquier acción intimidatoria.

De esa manera, la “institución” se fue corrompiendo más y más, y sus miembros empezaron a prestar “servicios” al mejor postor, siempre y cuando pertenecieran a la esfera del poder.

Esos policías, a conveniencia, pasaron a ser vigilantes, choferes, jardineros, mensajeros y conserjes, entre otras cosas que les aportaran dinero extra. Así, se fueron involucrando en todo tipo de actividades, sin importar su naturaleza.

Hubo un jefe de la Policía que tuvo la brillante idea de enrolar en sus filas a numerosos delincuentes fichados, para controlar a esos elementos, con el pretexto de regenerarlos. ¡Vaya usted a ver!

Al poco tiempo los policías desarrollaban nuevas técnicas delictivas, adiestrados por sus compañeros allegados.

Así se convirtieron en partes litigantes, en conflictos entre políticos o empresarios, comerciantes y otros, liquidando, o desapareciendo por encargo, a quien se le señalara.

De esa Policía, creada por inescrupulosos y asesinos, deviene la actual que, guardando la distancia y ya bajo regímenes “democráticos”, se ve forzada a guardar las formas. Ha incluido a hombres y mujeres profesionales, honestos, serios, pero que son arropados por los corruptos y delincuentes.

Los intereses políticos, económicos y de otras índoles mafiosas, desde su creación, predominan en ese cuerpo al que se hace difícil llamar institución.

La Policía nació como un peligro y eso ha seguido siendo para la ciudadanía, aunque, dicho sea de paso, ocasionalmente ha sido utilizada como se debe, para aclarar hechos y circunstancias de acuerdo a las leyes vigentes.

De modo que los hombres y mujeres que, de verdad, quieren ser garantes de la paz y el orden, son víctimas de los inescrupulosos que son mayoría. Así que, ya es tarde para ablandar habichuelas y a la Policía hay que, prácticamente, renovarla y cambiarla.

Nació corrompida y durante decenas de años, en manos de políticos de turno que los usaban en “encargos” criminales, dándoles dinero o rangos o cargos y poder. Ya es imposible revertir el daño que se hizo, y hay que comenzar de nuevo, con hombres y mujeres profesionales, con formación, con buenas costumbres, honestos e identificados con el deber y la patria.

Hay que formar un organismo integrado por las entidades – civiles, religiosas, empresariales, sindicales, profesionales, científicas – en coordinación con el Ministerio de Interior y Policía, para que de ellas salga un concejo rector al que se subordine la institución naciente. Y se hará Patria.

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