Me declaro “más papista que el papa”

Por Germán Marte
Germán MarteYo admito ante ustedes mis hermanos que jamás imaginé que siendo, como soy, un ateo confeso (“gracias a Dios”) terminaría un día siendo “más papita que el papa”.

Resulta que todavía era un adolescente cuando abracé las ideas del socialismo y hasta el sol de hoy sigo abogando por una sociedad más justa, donde no haya un campesino sin tierra, donde ningún ser humano pase hambre, donde no muera un niño por falta de medicina y donde no se discrimine a nadie por sus creencias.
El país recién había salido de la dictadura ilustrada de Balaguer, y todavía era una herejía hablar de revolución y de una mejor distribución de la riqueza. Una parte de la población seguía viendo como peligrosos a los jóvenes que nos identificábamos con las ideas revolucionarias y que de forma semiclandestina tratábamos de convencer a nuestros amigos para que se organizaran y lucharan por una sociedad nueva.
La verdad es que fuimos momentáneamente vencidos y aunque se logró cierta apertura democrática, aquí y en el resto del mundo se impusieron las ideas más conservadoras. Se impuso el neoliberalismo voraz. “Capitalismo salvaje” le llamó Juan Pablo II.
A fuerza de golpes nos dimos cuenta que si bien “un mundo mejor era posible”, uno peor también lo era.
Y he aquí que gracias al triunfo de los conservadores tenemos el siguiente panorama: uno de cada cien habitantes del mundo tiene tanto como los 99 restantes; el 0,7 % de la población mundial acapara el 45,2 % de la riqueza total y el 10 % más acaudalado tiene el 88% de los activos totales. Una vergüenza.
En República Dominicana la concentración de la riqueza es igualmente preocupante. Un crecimiento sostenido durante 50 años y sin embargo, más de la mitad de la población vive en la pobreza.
Por eso me siento representado en las palabras del papa Francisco cuando este Miércoles de Ceniza dijo: “Bonito si la libertad, la tierra y el dinero volvieran a ser un bien para todos y no solo para algunos como ocurre en la actualidad”.
No faltará quien sospeche que el Vaticano ha sido infiltrado y ahora tenemos un papa socialista.
Pero no se trata de eso, lo que pasa es que “lo demasiado hasta Dios lo ve”. ¿Acaso es aceptable que mientras una multinacional se da el lujo de pagar cinco millones de dólares por un anuncio de 30 segundos en la transmisión del Súper Bowl un niño muera por falta de un suero que cuesta menos de medio dólar.
Es inaceptable que con el avance alcanzado por la humanidad todavía mueran millones de personas a causa de hambre o por enfermedades fácilmente prevenibles. Me siento pues representado en las palabras del papa cuando dice que “hacer una tierra sin pobres es construir una sociedad sin discriminación basada en la solidaridad, en el compartir y en la repartición justa de los recursos”.
El tiempo nos ha dado la razón y hasta Francisco está de acuerdo con nosotros, por eso hasta yo soy “más papista que el papa”.

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