Muerte a manos policial. Lo mismo

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

Hay casos que por brutales que parezcan, debemos conocer bien, antes de darles la máxima condena.

Este sábado en la noche un agente de la Policía Nacional mató de un disparo a una joven conductora, luego que su vehículo y la motocicleta del asesino colisionaran.

Este caso no se puede ver fríamente como un hecho aislado, fruto de la mentalidad cavernícola del policía.

Hoy todos los periódicos impresos, los digitales, la televisión y la radio, ofrecerán versiones sobre la tragedia. Pero hay aspectos que son muy subjetivos. Por ejemplo, lo lógico es que una mujer sola en un vehículo, o acompañada de un menor, como en este caso, no va a detenerse luego de chocar con un motorista, y aquí todo el mundo sabe por qué.

Una mujer sola no se detiene en medio del caos y el desorden que abundan en nuestras calles. Los motociclistas se lanzan en grupo contra alguien que choque o tenga algún tipo de problemas con uno de ellos. Eso es solidaridad, pero una solidaridad agresiva, dañina, peligrosa. Por eso hay que seguir hasta el primer destacamento policial, o te matan a golpes.

Eso, por un lado. Pero el que queda lesionado se llena de ira y se siente impotente. Lo que siente es deseos de tener a su alcance al propietario del otro vehículo. Imagínese que alguien vea a su esposa e hijos en el suelo y piense que están heridos.

Un ciudadano cualquiera, siguiendo la lógica de nuestra educación, nuestra cultura, si está armado y se siente burlado, abandonado, lo que hace es eso, montar en ira y buscar cómo descargar su furia.

Es un asunto de formación, de mentalidad. Una buena parte de los dominicanos somos propensos a una actuación violenta, pues no hay autoridades que hagan valer las leyes que velan por un comportamiento cívico adecuado, ejemplar, comedido. Debido a ello muchas acciones pasan sin consecuencias.

Ese hecho execrable debe por fin mover al gobierno a intervenir la Policía Nacional y hacer una disección que la libre del tumor que se ha apoderado del cuerpo, haciendo metástasis en toda su estructura. Esa agrupación nació con un cáncer heredado de sus progenitores y nunca ha sido institucionalizada.

Ya no caben más excusas para hacer potable ese grupo que atemoriza, lacera y se ha tornado irredimible, ante una sociedad que no sabe lo que hará, qué dolor provocará esa asociación mañana.

De modo que la gota que colmó el vaso debe haber sido la que se derramó la noche de este sábado 2 de octubre, en la carretera de Boca Chica.

Definitivamente la PN es un ente sin control, en el cual no opera ningún profesionalismo. Un sólo director no puede manejar ese grupo. Demostrado está demás, pues integrantes de ella se combinan para hacer destituir al director (antes era al Jefe) y contratan comunicadores para publicar informaciones que contribuyan a tales fines.

Ya se tiene que poner fin a la inseguridad que propician los policías y luego enfrentar la inseguridad creada por los delincuentes civiles.

Si de verdad queremos acabar con esta situación aberrante, tenemos que crear una nueva Policía garante de la paz y seguridad pública, que obedezca a un consejo, un patronato, un grupo regente que no tenga temor y al cual obedezcan todos los miembros.

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