Paraíso obrero

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Manuel Hernández VilletaUn viejo estribillo ya olvidado decía que la clase obrera va al paraíso. Nunca para los asalariados existió el paraíso, sino el infierno en la tierra. Se olvidó la consigna con la caída de los muros, y el surgimiento del Capitalismo de Estado.

Hoy queda poco o nada de la vieja idea de llevar a la clase obrera al poder, y más bien en el mundo se va imponiendo el hibrido del partido-el Estado, dirigiendo la economía. Es una forma graciosa de decir que hay un capitalismo popular, de Estado, manejado por el partido, donde éste responde a remiendos de la vieja ideología comunista.

Para los dominicanos el surgimiento de una clase obrera fuerte y poderosa, no pasó de una simple idea. Todo se perdió en luchas inconclusas, donde todos buscaban ser líderes absolutos, transitando desde el anarco-sindicalismo, hasta el izquierdismo, en el movimiento de los asalariados.

La falta de una clase obrera, aunque sea débil, es un sinónimo de muchos de los problemas que hoy se padecen en el país. De un sindicalismo fuerte, nacido de la lucha callejera que se escenifica después de la muerte de Trujillo, se pasó a una línea boba. Hoy no hay un verdadero sindicalismo, y las Centrales Sindicales sólo aguardan mejores tiempos, y nuevas oportunidades.

Pero no es un hecho aislado, constituye parte del reflujo eterno en que ha caído la sociedad dominicana. Los partidos políticos de hoy, son fieles representantes del sistema, y cuando se habla de cambios, la referencia no es a estructuras ni radicales variaciones en política de Estado, sino en los cargos donde nuevas caras echarán a las viejas faces.

Desapareció totalmente el movimiento sindical en la zona rural, donde de hecho la migración masiva hacia las barriadas marginadas de las grandes ciudades, dejó a las parcelas sin brazos, y a las agro-industrias buscando mano de obra haitiana.

Esa estrepitosa y repentina caída de la industria azucarera fue un golpe de muerte al sindicalismo nacional. Entre la industria del azúcar y los muelles estaba lo ´más representativo de los sindicalistas dominicanos. Los muelleros se vieron acorralados por los furgones, y los cañeros, sencillamente se quedaron sin mocha y sin machete.

De existir un verdadero movimiento de la clase obrero es de seguro que bajaría la delincuencia. Se lucharía por mejores condiciones de trabajo, de escolaridad, de asistencia médica, de niveles de vida honorables. Ya en varias ocasiones lo hemos dicho, que la marginalidad de hoy, es una de las causas fundamentales de tanta delincuencia.

El movimiento obrero dominicano duerme un sueño eterno. Solo queda esperar qué despierte y emprenda de nuevo la marcha utópica hacia el paraíso y el gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo.

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