Podrían intentarlo

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

La acuciosa periodista Nuria Piera, admirada, odiada, envidiada y valiente, entre otras cosas, ha destapado una Olla de Pandora descomunal.

A partir del momento en que divulgó ante el país los negocios de algunos mayores generales, generales, coroneles, oficiales superiores y subalternos, todo lo demás ha quedado relegado a un segundo plano.

El país comenzó a ver y escuchar cosas que jamás pensó ver u oír. Cosas insólitas e insospechadas empezaron a relucir y tomar cuerpo de manera inusitada. Un escalofrío recorre la médula social, porque la gente se ha enterado que teníamos los gatos cuidando la carne.

Nadie conoce hasta dónde llegará el efecto de esa Olla de Pandora, destapada por la periodista Nuria Piedra -lo de Piedra dicho intencionalmente- ni si podrán las actuales autoridades llevarlo hasta las últimas consecuencias. De que quieren no cabe la menor duda, porque con casos así no se puede jugar, ya que, una vez puesta la pelota en la cancha, la ha tomado el país en general y no la va a soltar.

Este caso, de magnitudes insospechadas, ya no solo es responsabilidad de las autoridades, sino de todos. Y una vez expuestos todos los trapos sucios, hay que buscar a quienes pertenecen, a quienes les entallan y de quienes son los rastros de ADN que se encuentran en ellos. Ahí está el nudo gordiano.

El mafioso, sea civil o militar, dispone de muchos recursos, entre ellos el principal el dinero. En el caso militar están como recursos determinantes el poder, el rango, la influencia y el apoyo. Un guardia -llamado a ser el mejor amigo y defensor del pueblo- cuando es corrupto se convierte en el peor y más terrible enemigo y en el más peligroso.

Ya ahora, una vez dado a la luz pública este espeluznante episodio de la vida nacional, hay que saber desde y hasta dónde llegan las responsabilidades y a quienes no se les puede quitar la vista de encima. Ese tipo de mafia develado tiene ramificaciones profundas que envuelven a muchos congéneres. Y si bien no es cuestión de tener miedo, sí hay que ser bien previsor, no nos sorprendan tentáculos inimaginados.

Cuando se habla de tantos miles de millones de los investigados, de tantos altos rangos, de posibles apoyos, de otros posibles aliados con billonarias inversiones y o cuentas bancarias, etc, etc., ya no se puede dar marcha atrás, salga el alacrán que salga, sino estar dispuestos, cueste lo que cueste, a cortarle la cabeza, así sea lo último que se haga.

Porque es verdad que no pueden dar al traste con esta democracia y sus bríos, nacidos de febrero, porque los corruptos no tienen apoyo del pueblo, pero sí pueden atentar contra ella y equivocarse e intentarlo.

Ahora es deber de todo ciudadano honrado, responsable y que le duela este país, defender lo que no se pudieron robar. Es un deber patriótico apuntalar lo que nos queda en pie y defender con uñas y dientes la institucionalidad.

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