Prohibido Olvidar: 55 años después de la Masacre del 9 de febrero de 1966

Por: Redacción

Por José Bujosa Mieses

SANTO DOMINGO, RD.– Más de medio siglo ha transcurrido de aquel sangriento 9 de febrero de 1966, fecha luctuosa que nos conduce a recordar a los estudiantes que cayeron asesinados y heridos frente al Palacio Nacional, en el curso de una protesta pacífica en la que demandaban al gobierno provisional de Héctor García Godoy el reconocimiento de las nuevas autoridades universitarias surgidas del Movimiento Renovador, la entrega de las partidas presupuestales a la academia, la salida de las tropas de ocupación de los Estados Unidos de Norteamérica del país y la desocupación de los planteles escolares de la capital ocupados por los invasores.

La marcha, organizada por la Federación de Estudiantes Dominicano (FED), bajo el liderato del dirigente estudiantil Amín Abel Hasbún, logró integrar a los diversos grupos estudiantiles universitarios encabezados por FRAGUA, el Bloque Revolucionario Universitario Social Cristiano (BRUC), el Frente Universitario Radical Revolucionario (FURR), la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), la Juventud Revolucionaria Cristiana (JRC) y el Frente Estudiantil Nacional de Estudiantes Secundarios (FENES), entre otras asociaciones.

Antes de 1965, la UASD vivía un proceso de destrujillización y de reformas que se interrumpió con el estallido de abril de 1965. Período y escenario en el que se logró definitivamente, fraguar el Movimiento Renovador Universitario (MRU), que tras terminar la guerra asumió el control de la academia más vieja del nuevo mundo.

Las nuevas autoridades de la UASD iniciaron frente al gobierno provisional de Héctor García Godoy, una lucha por su reconocimiento y por la entrega del presupuesto universitario, sin lograr resultados.

Al trascender la información de que profesores fueron declarados no gratos en la academia, por su pasado trujillista y su interés de privatizar la UASD, sectores retrógrados presionaban al Gobierno para que no reconociera a las nuevas autoridades universitarias. Es entonces cuando la Federación de Estudiantes Dominicanos, liderada por Amín Abel Hasbún, decide convocar a los estudiantes universitarios y de la enseñanza Media y Secundaria a una marcha fijada para el 9 de febrero a las 10:00 de la mañana, frente al Palacio Nacional, en reclamo de las demandas citadas.

Previo a la marcha

La marcha del 9 de febrero de 1966 fue antecedida por otra celebrada el 27 de septiembre de 1965, esa vez frente a la puerta del Palacio de la Ave. Méjico, donde resultó asesinado por la espalda el estudiante Pedro Tirado Calcaño, ocasionado por el disparo de un guardia del CEFA provocándole la muerte de manera instantánea. El cadáver del estudiante fue cargado en hombros por varios de los manifestantes, quienes lo condujeron en marcha fúnebre en dirección a su residencia en Villa Consuelo, encontrando el impedimento de las fuerzas invasoras yanquis que estaban colocadas en el Cordón de Seguridad que dividía la ciudad. Vencida la resistencia, el cuerpo sin vida del estudiante fue entregado a sus familiares en Villa Consuelo.

La marcha

La convocatoria a la marcha del 9 de febrero logró una buena capacidad de respuesta. A las 10:00 a.m. la mayoría de los estudiantes convocados ya estaban concentrados frente a la entrada de la sede presidencial que colinda con las calles Moisés García y Doctor Báez.

Los comisionados

Acompañado de una lluvia de consignas una comisión entregó una carta con las peticiones, al tiempo de solicitar ser recibidos. Mientras pasaba el tiempo, los estudiantes recorrían de un lado a otro estas calles, lanzando consignas relativas a las demandas. El tiempo transcurría en un ambiente de alta tensión ante la presencia en los alrededores de efectivos de las tropas invasoras y el nerviosismo de los policías que estaban fuera y dentro del Palacio de Gobierno. Las voces vibrantes de los manifestantes retumbaban en la sede presidencial hasta que, al fin, el secretario de la presidencia, Jaime Manuel Fernández, ordenó la entrada de la comisión que se encargaría de reunirse con el mandatario. La comisión estaba presidida por el fogoso líder estudiantil de la FED, Amín Abel Hasbún más los siguientes miembros de esa entidad, Diomedes Mercedes, Carlos Dore Cabral, Carlos Amiama, José Sosa Valentín, Jimmy Sierra, Luis E. Brea, Romeo Llinás, Arístides Martínez, Gustavo González, Héctor Florentino, y además, una representación de los grupos estudiantiles de los planteles públicos, encabezada por Juan Vargas, Otto Pichirilo y Pedro Díaz (de la UER) y Juan Barón Fajardo, Jacobo Valdez y Miguel Gómez (de la JRC).

Ya en el Palacio

Luego de una larga espera, el secretario de la Presidencia, Jaime Fernández le informa a Amín que el presidente no se encontraba en la sede y que por tanto no se podía producir la reunión. La respuesta de Amín fue tajante: “pues dígale a él que de aquí no nos vamos hasta que el regrese y nos reciba”, ocupando la comitiva las escaleras de la sede presidencial, sentados de frente a los manifestantes, que acalorados demandaban una información sobre el resultado de la gestión comicial.

Amín, ordena a Romeo Llinás y a Carlos Dore bajar e informar a los manifestantes que iban a permanecer dentro del palacio hasta que el presidente los recibiera. Llinás es el escogido para darles la noticia. Escoltado por Carlos Dore y otros estudiantes sube al borde de la verja de la residencia que está en la esquina de la intersección de la Doctor Báez y Moisés García. Ya cuando se disponía hablar, se crea un incidente entre manifestantes y un policía que hacía esfuerzos por impedir que Llinás hablara, una bandera de los estados Unidos es quemada y en medio del nerviosismo de los policías y la movilidad permanente del manifestante se escucha la voz de un oficial que dirigía las tropas colocadas detrás de la verja del palacio que ordena: ¡Fuego! ¡Fuego!

La sangre corría por el caliente asfalto

En medio de persistentes ráfagas de ametralladoras Cristóbal y los disparos de fusiles Mauser, Llinás es bajado de un halón de la verja por Carlos Dore. El ambiente se oscureció de gris por los efectos de la pólvora quemada. Mientras indefensos estudiantes corrían en una estampida de terror acompañadas de gritos y voces que acusaban a los policías de ¡Asesinos!

Algunos vecinos observaban de manera impotentes como la sangre corría por el caliente asfalto mientras los policías seguían su cacería infernal. Hasta que, por fin, se escuchó la voz de un policía ordenar ¡Alto al fuego! Y así llegó la calma… Ahora, revestida de gris, observándose en el escenario del crimen lápices, cuadernos, zapatos, bultos y carteras al lado de cuerpos ensangrentados tendidos en el pavimento clamando auxilio.

Los heridos fueron atendidos por paramédicos de una ambulancia del Cuerpo de Bombero que se presentó para levantar los cadáveres mientras que la mayoría de los heridos fueron llevados a centros clínicos privados de la Zona Colonial y Ciudad Nueva.

El saldo final sumo cuatro estudiantes fallecidos, tres heridos de gravedad y más de 20 con heridas y golpeaduras leves. Las victimas mortales fueron: Miguel Tolentino, Antonio Santos Méndez, Luis Jiménez Mella y Amelia Ricart Calventi, esta última falleció un mes después en los EEUU donde fue trasladada para realizarle una cirugía en su columna vertebral impactada por una bala. Iguales impacto recibieron los estudiantes Brunilda Amaral Oviedo y Antonio Pérez (Tony) quienes luego de un largo tratamiento en países europeos fueron intervenidos quirúrgicamente salvando sus vidas, aunque quedando con lesiones permanentes en sus extremidades inferiores.

Reacción a la masacre

Como reacción a la masacre, fue convocada una huelga general en demanda de la entrega del presupuesto a la UASD, el reconocimiento de las autoridades surgidas en el Movimiento Renovador Universitario, la salida de las tropas de ocupación yanqui del país y de los planteles, y el castigo de los culpables, entre otras. La huelga duró nueve días y en ella se escenificaron emboscadas contra patrullas de efectivos de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), que mantenían un patrullaje permanente en la zona intramuros. Un agente de la policía fue ultimado y su cuerpo incinerado en la Calle Padre Billini por los frentes del Instituto de Señorita Salomé Ureña.

La protesta fue levantada luego que el gobierno provisional cediera a los reclamos de los estudiantes universitarios y de la Secundaria, quedando pendiente la salida de las tropas de ocupación, que finalmente abandonaron el país en junio del año 1966, tras el ascenso del gobierno del dictador Joaquín Balaguer, quien resultó electo en un proceso comicial fraudulento, respaldado y orquestado por la Embajada de los EEUU.

Habla Morillo López

En declaraciones ofrecidas por el entonces jefe de la Policía Nacional, José Morillo López, expresó que el incidente ocurrido frente al Palacio Nacional se originó porque algunos de sus miembros fueron atacados a pedradas por los estudiantes, que algunos estaban armados y disparando, presentando al raso policial Ramón Andrés López Ventura herido en un pie, como testigo.

Antecedentes de la Masacre

La historia del Movimiento Estudiantil Dominicano registra acontecimientos similares a este, sucedidos en los gobiernos del General Borda en el 1913. En esta ocasión varios estudiantes y profesores fueron reprimidos salvajemente durante una marcha por la calle El Conde cuando demandaban la libertad de los maestros Luis C. del Castillo y Estrella Ureña, presos en la Fortaleza Ozama por oponerse a la reelección de Borda.

Otra tuvo de escenario la Calle Espaillat de Ciudad Nueva en el año 1961, durante el gobierno de Joaquín Balaguer cuando cientos de estudiantes decidieron ocupar las azoteas de las casas para exigir la salida inmediata de los remanentes del trujillismo y gritar a todo pulmón ¡Libertad! declarando la vía ´´Territorio Libre´´. En el enfrentamiento con guardias y policías fueron asesinados los estudiantes, Tirso Román Vargas Almonte, José Ignacio Matos y José Cerda mientras que decenas resultaron heridos y detenidos. Destacándose entre ellos: Ercilio Veloz Burgos, Rafael Valera, Rafael Solís, Emilio Rodríguez, Tomás Antonio Rubio Darío Parra, George Hasbún, Modesto Medrano Mención y otros.

Igual acción criminal de la policía balaguerista se produjo el 4 de abril de 1972 durante un asalto militar de la Policía Nacional a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en violación al fuero universitario para captura a un izquierdista de nombre Taxito Perdomo que estaba siendo buscado por la Policía y que supuestamente la institución tenía informes de que se encontraba en el recinto académico. En el asalto salvaje de decenas de policía comandados por el coronel Francisco Báez Mariñez fue herida de bala en la cabeza la estudiante Sagrario Ercira Díaz Santiago falleciendo 11 días después en el centro médico que era atendida. En la acción fueron apresados decenas de estudiantes y profesores, incluyendo a las principales autoridades universitarias con el recto Jottin Cury a la cabeza.

Homenajes

En este 55 aniversario de la Masacre Estudiantil del 9 de febrero de 1966, le rendimos homenaje a los mártires Miguel Tolentino, Antonio Santos Méndez, Luis Jiménez Mella y a Amelia Ricart Calventi, así mismo a nuestros héroes vivientes, Brunilda Amaral Oviedo y Antonio Pérez (Tony), ejemplos de dignidad y decoro. De igual manera, queremos honrar la memoria de los sobrevivientes fallecidos: Rafael G. Santana, Víctor De Peña (Vitico), Otto Pichirilo, Sotero Vásquez, Diomedes Mercedes, José Larrauri, Elsa Expósito y Jimmy Sierra. Todos nos invocan a repetir una y mil veces las consignas: ¡Prohibido Olvidar! y ¡Nunca más se repita!

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